domingo, 8 de noviembre de 2020

La justicia transicional, o la refundación marxista

  


Frase hecha y repetida, es: Los hombres pasan y las instituciones quedan. Pero, nada más desacertado es decirlo. Porque los procesos sociales ponen en evidencia el rol de las personas, quienes con su perfil y cualificaciones, temperamento y eficacia, influyentes para bien o para mal, son las que arrastran a otros, para edificar el Orden o para destruirlo.

Últimamente, se habla de la “Justicia Transicional”. El primer repara es la adjetivización del sustantivo “Justicia, innecesaria, pues su noción es diáfana desde Aristóteles, hace más de 2,500 años. Y, no pone en alerta el complemento “Transicional”, que tare a colación la idea de un cambio. Por lo que surgen de inmediato las preguntas: ¿Transición a qué? ¿Transitar hacia dónde? 

Para encontrar las respuestas adecuadas, requerimos hacer el itinerario que nos conduce a la biografía de quienes estás detrás de este emprendimiento.

En 1970, en Mar del Plata (Argentina), egresó con el título de abogado, Juan E. Méndez, quien contaba con unos 26 años de edad. Su ubicación en el ejercicio profesional lo comprometió con la causa de los Montoneros, terroristas urbanos. De otro lado, por su ejercicio periodístico, Montoneros tenía como cercano colaborador a Jacobo Timerman (1923-1999), migrante ucraniano y desde joven comprometido con el movimiento “Hashomer Hatzair” (“La Guardia de la Juventud”). Fue un periodista fundador y promotor de influyentes medios de prensa escrita como “Primera Plana”, “Confirmado” y particularmente el diario “La Opinión”. Timerman contaba desde 1965 con la amistad y colaboración de un joven periodista, de la generación de Juan E. Méndez, Horacio Verbitsky, tanto para las ediciones de “Confirmado” como para “La Opinión”. Por los efectos devastadores de estos medios de prensa, para con los políticos y los gobiernos, fueron analogados “como un buque de guerra que bombardea”.



Verbitsky a los 30 años de edad, se incorpora a las “Fuerzas Armadas Peronistas” y en 1973 adhiere a Montoneros para labores de “inteligencia”, aunque esta función suscitó mutuas acusaciones y desmentidos con Firmenich, el jefe de Montoneros. Curiosamente, Verbitsky obtuvo refugio en el Perú, de 1973 a 1976, durante la mayor radicalidad del gobierno socialista-militar de Velasco. Retornó a Argentina, y durante 30 años usufructuó un rol periodístico protagónico desde “Página/12”. En 1999, se incorpora a la dirección de las ONGs encargadas de ejecutar la estrategia latinoamericana concebida por Timerman, confiadas a la conducción del abogado Juan E. Méndez. Verbitsky asume en el 2000 la presidencia del CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales, fundado 21 años antes), una sociedad de pensamiento promotora de la persecución judicial implacable e inmisericorde de esa generación de militares argentinos que enfrentaron el ataque guerrillero por el ERP y los atentados terroristas de Montoneros, en los años 70s. También la Iglesia Católica Argentina, en su episcopado, instituciones y personalidades, fue un objetivo psicosocial del CELS.

Por su parte Timerman mantenía estrechas relaciones con David Greiver, el financista del terrorismo Montonero, cuyo presupuesto era cuantioso, pues tan sólo del secuestro de un empresario obtuvieron el cupo de 60 millones de dólares. 
Jacobo Timerman y Juan E. Méndez fueron detenidos, y liberados al año y medio. Expulsados ambos de Argentina, se exiliaron en los EEUU, donde Timerman desarrolla su estrategia, publicando en 1982, el libro “Preso sin nombre, celda sin número” que se lo dedica al rabino norteamericano Marshall Meyer del Movimiento Judío por los Derechos Humanos. Luego, promueve el ONG Americas Watch, con el apoyo de las comunidades estadounidenses afines a su causa revolucionaria. 



Amercan Watch es confiado a Juan E. Mendez, quien desde 1984 se conecta con la naciente Corte Interamericana de Derechos Humanos (la Corte), participando en sus tres primeros casos contenciosos, contra el Estado de Honduras. Lo que constituyó la oportunidad de develar todo un nicho de quehaceres, en derechos humanos, impensados ante el Sistema Interamericano. Revisar todas las sentencias de la Corte, es constatar la participación de Americas Watch, en todos los casos sin excepción, en calidad de estudio de abogados defensor de cualquier agraviado contra cualquier Estado. A partir del cuarto caso en adelante, ante La Corte, participará CEJIL (Centro por la Justicia y el Derecho Internacional), ONG fundado por el abogado chileno Miguel Vivanco, exfuncionario de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (la Comisión), luego de haber tomado conocimiento y experiencia con los primeros tres casos contra Honduras. Ambos, Méndez y Vivanco, es decir, Americas Watch y CEJIL, compartirán amicalmente en sociedad la defensa exclusiva de todos los casos que se ganan en la Comisión y los que pasan a la Corte, demandando a los Estados.

En los 90s Americas Watch es transferido por Juan E. Méndez al abogado chileno Miguel Vivanco, quedando el área de América y del sistema Comisión y Corte interamericanas, en exclusivo control de Miguel Vivanco, actuando bajo las dos razones sociales, Americas Watch y CEJIL.

Juan E. Méndez pasa a ocuparse desde 1988 a una instancia más extendida internacionalmente, haciéndose parte de Human Rights Watch, presidida por Robert Berstein.

Para luego, a inicios del Siglo XXI, en el año 2001, funda otro emprendimiento en los EEUU, la ONG “JUSTICIA TRANSICIONAL”, con el objeto de refundar el Estado en las sociedades que han sufrido la quiebra estructural y psicosocial a causa de los procesos subversivos, guerrilleros y/o terroristas. Es una evolución de la estrategia oenegenista en derechos humanos, apoya con el órgano de poder por encima de las soberanías estatales, que significa la Corte. 



La Justicia Transicional se impone mediante cinco ejes: (1) Mediante la persecución penal contra responsables de violaciones por derechos humanos. Es decir, sólo contra los militares, policías y funcionarios del Estado, pues, sólo el Estado incurre en infracciones contra los derechos humanos. No los ciudadanos –aún sean guerrilleros y terroristas–, quienes tan sólo cometen delitos y por tanto no pueden ser juzgados por violaciones a los derechos humanos. Por lo tanto, la estructura judicial de jueces colombianos y jueces extranjeros impuesta en Colombia por la Justicia Transicional, viola lo más esencial de lo que es soberanía, que es el acto de juzgar a sus connacionales por jueces nacionales. Pero, además, no juzgará a los guerrilleros de las FARC, aunque así lo hayan proclamado y en Colombia aún creen que así sería. (2) Las Comisiones de la Verdad, desempeñan el importante instrumento para modificar la Historia, porque no importan los hechos, no importa lo que pasó real y verdaderamente. 

La Justicia Transicional busca y necesita un relato, una narración, subjetiva y al servicio de sus intereses ideológicos. Relato o narración, es sinónimo de historieta, cuento y fábula; es apologética en favor de la ideología que auspicia la Justicia Transicional. (3) Las reparaciones económicas y simbólicas, el dinero es parte importante de los objetivos de toda tarea revolucionaria. Además, hay necesidad de reforzar la narración que inventa un relato, con monumentos, cambios de nombres de calles, ceremonias por parte del Estado subordinado, conmemoraciones, actos y homenajes a la Revolución, sus hechos y sus promotores. (4) Ideología de Género, útil palanca para trastocar la dimensión antropológica, que acelera la Revolución. (5) Reorganización de las Fuerzas Armadas y Policía, para que ya no sean “instrumentos de represión”. Este es un objetivo impropio, pues, el sentido del término “represión” no es inidóneo: En moral se reprime el mal, en psicología se reprimen las tendencias e impulsos inadmisibles en la conducta, y en lo político-social se reprimen los excesos. Justamente la fuerza del Estado al servicio de la paz y la tranquilidad en el orden, es mediante la represión de los excesos.






La Justicia Transicional es marca registrada y denominación social. Responde a un “know how” adquirido por promotores de la Revolución, a lo largo de los últimos 50 años. 

La Justicia Transicional no es un proceso para obtener la paz, es la continuidad metodológica marxista para consumar la toma del poder, combinando todas las formas de lucha, lo que no descarta la recaída en acciones violentistas, mediante el reinicio de las guerrillas y el terrorismo.


Sergio Tapia.

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