miércoles, 30 de diciembre de 2020

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La Banca y su dominio mundial * Pedro Varela (Conferencia)



 Las reformas sociales y económicas de Alemania que irritaron a la Banca Internacional y desembocaron en la Segunda Guerra Mundial analizadas por el escritor e historiador español Pedro Varela Geiss.

"120 preguntas sobre el holocausto" Charles E. Weber

viernes, 27 de noviembre de 2020

La victoria peruana de Tarapacá contra el invasor chileno : 27 de noviembre de 1879

 



Hoy recordamos un nuevo aniversario de la victoriosa batalla de Tarapacá, que tuvo lugar el 27 de noviembre de 1879, la cual a los sirvientes de Chile no les gusta rememorar, en especial aquella prensa felona que recibe publicidad de las empresas chilenas.
 batalla Tarapaca 3d Zero Hiswar
Batalla de Tarapacá, Zero Hiswar
 
Para apreciar el significado de esta acción de armas debe tenerse en cuenta que tras el revés de San Francisco y ya sin la ayuda del ejército boliviano, las fuerzas del ejército peruano no tenían ni caballería ni artillería; eran puramente hombres de a pie que literalmente habían estado perdidos en el desierto.
La vanguardia del ejército peruano y su primera división, al mando de Alejandro Herrera, estaban a unos 15 kilómetros de Tarapacá, en Pachica, lugar donde acamparon.
En Tarapacá sólo estaban las divisiones de Andrés A. Cáceres, la de Francisco Bolognesi y una tercera que agrupaba a restos de unidades heterogéneas1. Las bien organizadas tropas de ladrones y asesinos chilenos asomaron por las alturas de Tarapacá aproximadamente a las 8 y 30 de la mañana, de manera que iniciaban la batalla teniendo a las fuerzas peruanas casi rodeadas y en parte baja.
Apenas notaron la presencia de los delincuentes chilenos, las tropas peruanas tomaron la ofensiva, ¡cuesta arriba! Tras horas de intenso combate los peruanos ocuparon las alturas y, además, oportunamente llegaron de Pachica la vanguardia y la primera división, que contribuyeron a sellar la victoria a las 5 y 30 de la tarde. Del lado peruano hubo 236 muertos y 261 heridos; mientras que los hampones chilenos tuvieron que lamentar 516 muertos, 176 heridos y 60 prisioneros.





Los peruanos derrotaron de manera contundente a los homicidas chilenos invasores, pero tal como estaba la situación de la guerra y los recursos económicos del país, nuestro ejército no estaba en condiciones de sacar provecho de esta victoria. La misma noche del 27 emprendió la marcha hacia Arica, al norte, y ni siquiera pudieron llevarse los cañones capturados a los chilenos puesto que, como se ha señalado, los peruanos no teníamos caballería ni animales de tiro. Destacaron en esta jornada victoriosa los coroneles Francisco Bolognesi, Andrés A. Cáceres y Belisario Suárez y el soldado cusqueño Mariano de los Santos, que capturó el estandarte del 2.o de línea del ejército agresor.




Esta gloriosa victoria de las armas peruanas, lograda en batalla cuesta arriba con tropas cansadas de caminatas, mal armadas, mal vestidas y calzadas, fue motivo de orgullo para los militares peruanos hasta aproximadamente la década de los treinta del siglo pasado. Después, hasta el día de hoy, la coima chilena y la amenaza militar han neutralizado el patriotismo de los peruanos y ya nadie celebra esta victoria; prácticamente es un recuerdo incómodo que estorba la “amistad” con los vencedores militares chilenos. Consecuentemente, en esta atmósfera de sentimientos prochilenos, mejor que recordar a los héroes de Tarapacá y rendirles público homenaje es tributar homenaje al hampón chileno Arturo Prat en instalaciones militares peruanas2.
Es muy importante que prestemos atención a lecciones que nos deja la guerra que nos enfrentó a los terroristas chilenos. Si pasó lo que pasó, si sufrimos las ya conocidas derrotas, fue porque en su momento —al menos unos diez años antes de la invasión chilena— los gobernantes del Perú —por ignorancia o por corrupción— no tenían claro que Chile era país enemigo; sólo unos pocos entendían esta realidad y clamaban por la necesidad de prepararse para la guerra, pero más pudo la influencia de traidores prochilenos como Mariano Ignacio Prado y Nicolás de Piérola que en cada momento dejaron de hacer o hicieron justo lo necesario y conveniente a los intereses chilenos. Por eso, a la luz de la historia y de los hechos actuales, es necesario saber si quienes dirigen los destinos del Perú y quienes están encargados de su defensa son patriotas verdaderos o son peruanos al servicio de Chile, país delincuente y enemigo del Perú. ¿Cómo saberlo? Muy simple: si son patriotas verdaderos dirán públicamente que Chile ha sido y es enemigo del Perú; si están vendidos a Chile evitarán dar una respuesta clara.
______________________________
1 En esta división participó la columna Loa, de civiles bolivianos que con refuerzos peruanos llegaron de Iquique. Días antes el ejército boliviano ya se había retirado en desbandada a su tierra tras la batalla de San Francisco.
 
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domingo, 8 de noviembre de 2020

Dos siglos de independencias: Creando la inestabilidad nacional y el subdesarrollo socioeconómico

 





La inestabilidad permanente hace que la fuerza de un país se desgaste mediante enfrentamientos entre compatriotas civiles; entre ejército y pueblo; entre ejércitos de estados que mantienen la misma cultura hispánica dado que no hace mucho fueron partes de una misma nación. Se han malgastado las fuerzas que deberían y debieron de ser destinadas para aquello que todo ser y unidad nacional ha de llevar a cabo; avanzar hacia el beneficio común. Y al contrario, este avance ha sido lento y tortuoso, en ocasiones retrocediendo hacia atrás para volver a retomar el camino hacia adelante.

En resumen ésta es una visión que ha acompañado a una historia de dos siglos de republicanismo supuestamente independiente; periodos de estabilidad han sido relativamente cortos; lo que hacían unos gobiernos, otros gobernantes lo deshacían, y vuelta a empezar.

¿Y cómo es posible que los españoles en menos de tres siglos levantasen una civilización hispano-indiana llena de cultura y riqueza en el que el nivel de vida en todas las clases sociales era superior al de las naciones europeas de la época? La respuesta es sencilla; haciendo primar la paz social sobre todas las cosas.



Durante las épocas virreinales –mal llamadas coloniales- y hasta las revoluciones independentistas de principio del siglo XIX, los periodos de inestabilidad fueron muy escasos en comparación con los periodos de paz; mediante una fuerte ética y moral católica se consiguió una armonía entre la conjunción del viejo y del nuevo mundo en la América Hispana, de todo ello hay innumerables testimonios y vestigios palpables de los que nos podemos percatar si estamos abiertos a saber y comprender. Por poner un ejemplo, en el censo que mandó realizar Carlos III, en el virreinato de Río de la Plata dos terceras partes de la población eran descendientes directos o indirectos de guaraníes, y muy lejos de ser esto un problema, esta realidad era una gloria. Para que quede más clara la razón por la que primaba la paz dentro de esta enorme diversidad, antes de este censo, si le hubieran preguntado al mismísimo emperador Felipe II si él se consideraba hispanista, habría pensado que su interlocutor estaba loco, pues no sólo era rey sólo de los hispanos, sino también de los incorporados imperios de los incas, de los mexicas, de los descendientes de los mayas -cuyas aristocracias fue incluidas y consideradas como tales-, de los mapuches -cuya nación fue reconocida y tratada por la Corona Española como tal-, etc. Esta es la enorme y sustancial diferencia que caracterizó a la Monarquía Universal Católica del resto de los imperios de escala mundial; que se trataba de sumar y no de restar, que se trataba de incluir y no se excluir ni aniquilar como hicieron franceses, portugueses y británicos.

¿Qué fueron duros los trabajos en las minas? Sí, obviamente el trabajo de minero, ni ahora ni antes, nunca ha sido de color de rosa, pero tampoco eran esclavos como cuenta la Leyenda Negra, se les pagaba un sueldo justo cuyas contabilidades se pueden consultar en los archivos históricos.

¿Que hubieron abusos? También, pero no fueron por mandato de la Corona ni de las instituciones virreinales, sino por gentes que actuaba de forma totalmente ilegal y que si eran descubiertos eran irremediablemente enjuiciados, además no se puede hacer historia a raíz de estas anécdotas, pues los aspectos positivos tan frecuentemente ignorados fueron deslumbrantes en comparación con aquellos que llevaban a cabo sus fechorías infringieron Las Leyes de las Indias.

Así pues, gracias a la estabilidad conseguida siempre avanzando hacia el bien común conforme los parámetros que marcaba la religión católica, este mundo hispano-indiano nadaba en la abundancia de recursos agropecuarios, lo que repercutía en la felicidad de sus gentes que tenían las necesidades primordiales satisfactoriamente cubiertas. Sobre el virreinato del Río de la Plata (hoy Argentina, Bolivia, Uruguay, Paraguay y parte de Chile) un alto mando británico en 1711 escribió los textos citados a continuación; habría que recalcar como curiosidad que los animales mencionados no son originarios del continente americano, fueron especies traídas de los campos de Castilla y Andalucía; de la actual España.



“La felicidad de este feliz país excede lo creíble. Sus ricas llanuras, que son las mayores del mundo, de cincuenta y algunas de 60 leguas de circunferencia, están tan cubiertas de ganado que solo pueden creerlo aquellos que lo pueden ver.”

“…las perdices son a penique la pieza, y que la carne de vaca, ternera, cordero, liebre, conejo, pollos, aves salvajes, etc., etc., valen proporcionalmente y en cuanto a lo saludable del clima que corona todas las otras bendiciones, no es excedido en toda la superficie del globo y por esta razón fue llamada Buenos Aires.”

Hasta que todo dio un fuerte golpe de timón que nos hizo desviarnos drásticamente de ese camino. Previamente se ha de anotar que muchas de los levantamientos que hoy nos los cuentan como “gritos de libertad”, fueron en realidad alzamientos en defensa de la fidelidad al rey, al igual que las Juntas que se crearon, no se hicieron en principio por intereses independentistas, más bien, en nombre del rey Fernando VII se firmaban las actas para preservar el orden de las cosas frente a la invasión napoleónica en la península ibérica que amenazaba con cambiar todo aquello por lo que Las Indias Occidentales habían sido concebidas mediante decretos del hermano de Napoleón, José Bonaparte, el impopular “Pepe Botella”. Lo que ocurre es que más tarde reescribieron la historia para que pareciera un conflicto de España sí, España no, cuando en realidad en las revoluciones llamadas de independencia no se llegó a mandar ningún contencioso militar desde la metrópolis ibérica, fueron guerras entre los propios americanos por una cuestión de; o preservar los valores del antiguo régimen o instaurar las ideas ilustradas nacidas de la Revolución Francesa de 1789.

Las fundaciones de las repúblicas hispanoamericanas que hoy todos conocemos, no fueron tan glorificadoras y triunfantes según el ideal, que nos quieren hacer ver, de pueblos que una vez librados del yugo español alcanzaron su libertad en unión y armonía. Esta visión simplista no corresponde con una realidad de extrema complejidad; se abolieron los títulos nobiliarios y los privilegios de los pueblos originarios, de modo que hubo que aplastar multitud de revueltas de quienes no aceptaban de ninguna manera estos nuevos regímenes; se pidieron grandes créditos a los banqueros británicos para poner los nuevos estados recién creados a funcionar (instituciones, ejércitos, funcionarios, etc…), lo que nos asfixió económicamente por la enorme deuda que hubo que pagar desde ese momento; se tuvo que entrar en guerra con repúblicas vecinas por desacuerdos sobre fronteras que antes no existían, así como secesiones varias formándose repúblicas de otras repúblicas, quedando también afectados el tránsito del ganado y de la población que antes podía desplazarse de una zona a otra en libertad, de modo que importantes grupos de población demandaban infructuosamente que el rey de España enviase sus tropas para volver a reunificar Hispanoamérica, y aún peor que lo anterior; todo el poder ya no era para alcanzar la estabilidad política y la paz social que beneficiaba al bien común, todo el poder ya únicamente servía para mantener al propio poder, había que hacer posible a toda costa que los débiles lazos que sustentaban las repúblicas surgidas como de la nada cuyas actas de independencia fueron firmadas en salones a puerta cerrada -más con la improvisación que con la proyección previa y organizada-, todo uso de la autoridad fue empleado para que los recientes estados y sus sistemas no se desquebrajasen, usando mano de hierro y fuerza militar para tal fin. De modo que se anteponía la existencia de unas repúblicas con el eslogan de “igualdad, libertad y fraternidad” ante todas las cosas, como dijo el libertador San Martín; “Seamos libres, lo demás no importa”, -lo que primaba era la independencia, el precio que había que pagar por ello no-.

Se pasó de unas sociedades de floreciente economía, donde el dinero corría como la espuma debido al fluido tráfico comercial del Pacífico con Filipinas, China, Japón, etc., donde cuidaban mucho de que Inglaterra no expandiera sus tentáculos mediante leyes que prohibían el comercio con ellos, a una sociedad divida en diferentes estados en conflictos territoriales, enemistada con los sucesivos gobiernos que usaban la fuerza para mantenerlos a raya, y fuertemente invadida por las finanzas extranjeras. Quizá porque los intereses ingleses a partir de ese momento ya tenían las puertas abiertas; George Canning en 1824, tras firmar el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con las Provincias Unidas del Río de la Plata (actuales Argentina, Uruguay y Bolivia) exclamó lo siguiente en el parlamento británico; "La cosa está hecha, el clavo está puesto. Hispanoamérica es libre y si nosotros no gobernamos tristemente nuestros asuntos, es inglesa".






Winston Churchill, otro máximo representante de la política británica durante sus dos mandatos de 1940-1945 y 1951-1955, quién se repartió el mundo junto a Roosevelt y Stalin tras la segunda guerra mundial, era bien conocedor que la estabilidad y el progreso van siempre de la mano. No se puede prosperar en constante lucha de intereses creados y, por el contrario, en tiempos de paz se da un gran paso hacia delante pues todas las energías convergen sin impedimentos ni perturbaciones en mejorar las condiciones socioeconómicas mediante el progreso, creando formas para enriquecerse uno, repercute en el enriquecimiento del otro y así salen ganando todos. Esta idea se la hacía llegar Churchill a su país, con estas palabras lo promulgaba:

“No veía la razón de por qué las viejas glorias de Iglesia y Estado, de Rey y Patria no habían de reconciliarse con la moderna democracia; o por qué las masas del pueblo trabajador no habían de llegar a ser los principales defensores de aquellas antiguas instituciones por medio de las cuales se habían conseguido sus libertades y progresos. Es esta unión de pasado y presente, de tradición y progreso, esta cadena de oro jamás rota porque a ninguna excesiva tensión fue sometida, la que ha constituido el mérito y la cualidad soberana de la vida nacional inglesa.”
Mientras tanto en la Argentina, el militar Juan Domingo Perón presidente de la república de 1946 a 1955 al llevar a cabo una política de protección al trabajador ganó gran popularidad al contentar a las clases medias, lo que repercutió en una paz social en la que se consiguió el milagro; Argentina pasó de ser una región proveedora de recursos ganaderos y agrícolas a potencias anglosajonas -en lo que se convirtió a raíz del tratado de amistad, comercio y navegación antes citado- a una superpotencia industrial con capacidad de decisión propia y poder suficiente para conducir su futuro. Claro está que esos no fueron los planes que desde los inicios de las proclamaciones de independencia se le reservaba a Argentina y al resto de Hispanoamérica (Latinoamérica). Así que Winston Churchill dejó bien claro su posición al respecto y las medidas a tomar en consecuencia para volver al status quo anterior que beneficiaba a los intereses británicos, además fue un acuerdo de la mano de sus colegas ganadores de la 2ª Guerra Mundial Roosevelt y Stalin -Estados Unidos e URSS respectivamente- que se puede leer en la Conferencia de Yalta de 1945 donde decidieron cómo iba a ser el mundo tras la guerra:

“No dejemos que Argentina sea una potencia, arrastrará tras de sí a todo América Latina… La estrategia es debilitar y corromper por dentro a la Argentina, destruir sus industrias, sus fuerzas armadas, fomentar divisiones internar apoyando a bandos de derecha e izquierda. Atacar su cultura en todos los medios. Imponer dirigentes políticos que respondan a nuestro imperio. Esto logrará la apatía del pueblo y una democracia controlable donde sus representantes levantaran sus manos en masa, en servil sumisión…”


Sea porque mediante influencias e intrusismos les salieron bien estos planes o por otras circunstancias, Perón fue derrocado mediante un golpe de estado en 1955, entonces Churchill tampoco disimuló su alegría; “La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la segunda guerra mundial, y las fuerzas del Imperio Inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto.” Al decir que no descansarán ni después de muerto se refieren a que la conjura terminaría tras demonizar su memoria, ya sea por tildarlo de dictador, ya sea por tildarlo de militar "nazi", ya sea por tildarlo de antidemocrático, ya sea por la creación de un frente antiperonista dirigido por el embajador estadounidense Spruille Braden para su derrocamiento, ya sea por la subvención y apoyo de la Unión Soviética a grupos subversivos de ideologías marxistas que decían ser los poseedores de la verdadera voz de los trabajadores pero no crearon nada constructivo sólo desordenes y discordias, o ya sea por la fundación de un partido peronista que nada tiene que ver con los políticas económicas que instauró Perón llevando al país platense a la crisis perpetua sin que nadie sepa muy bien explicar el motivo y la razón de esta caída.

Se volvió así a la inestabilidad social que va de la mano de la corrupción y el subdesarrollo socioeconómico.

Bibliografía;

“Una propuesta para humillar España” Escrita en Gran Bretaña por una persona de distinción. 1711
“Conferencia de Yalta”. Churchill, Roosevelt y Stalin. Del 4 al 11 de febrero de 1945
“Las Indias no eran colonias” Ricardo Levene. 1951
“Breve historia del siglo XX” Fernando García de Cortázar. 1999
“Españoles que no pudieron serlo. La verdadera historia de la independencia de América” Jose Antonio Ullate Fabo. 2009
“La involución hispanoamericana. El caso argentino 1711-2010” Julio C. González. 2011  

El Íbero.

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