sábado, 10 de septiembre de 2011

¡ARRIBA PERÚ! Bianca Botto es campeona del Circuito de Casele en Italia

BIANCA BOTTO CAMPEONA EN ITALIA

La peruana Bianca Botto mostro su mejor juego y logró campeonar en el torneo Women’s Circuits de Casele en Italia, tras vencer a Erika Zanchetta en parciales de 6-2 y 6-1.

Con facilidad, la peruana ganó el match y apenas perdió dos games en todo el encuentro.

La victoria servirá para que Botto se afiance y pueda llegar como favorita al Open Krys Tournoi International Féminin de Francia.

Espionaje chileno sobre Tacna, Arequipa, Moquegua y Bolivia en la Guerra del Salitre

por Cesár Vásquez

El mapa y documentación usados por los genocidas del sur.

Portada del opúsculo “Noticias de los departamentos de Tacna, Moquegua y Arequipa y algo sobre la hoya del lago Titicaca (Con una carta geográfica)” de la Oficina Hidrográfica de Chile.

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La obra fue preparada años antes de la Guerra del Salitre por la Sección de Cartas y Planos de dicha Oficina. Fue publicada en Santiago el 15 de mayo de 1879, es decir sólo un mes después de la declaratoria de guerra por Chile el 5 de abril de 1879. Haga clic sobre ésta y cada una las siguientes imágenes para ampliarlas en ventanas individuales y poder leerlas directamente en la versión original.

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Mapa de la costa del sur peruano y de la hoya del Lago Titicaca. Es una carta geográfica del territorio comprendido entre los paralelos 14º 30’ y 19º 30. Fue elaborado por la Oficina Hidrográfica de Chile y publicada en Santiago el 15 de mayo de 1879.

La excelente cartografía de las costas peruana y boliviana con la que contaba el gobierno del país invasor desde antes de declararnos la guerra es una de las pruebas objetivas de la premeditación del ataque de la rapiña chilena en contra de Perú y Bolivia.

Entre los documentos preparados por los chilenos se encuentran geografías náuticas del Perú y Bolivia, derroteros de las costas del Perú, memorias descriptivas y cartas geográficas de Tarapacá, Tacna, Moquegua, Arequipa, Ica, Huancavelica, el lago Titicaca, el departamento de Lima, Callao, Chancay y hasta un plano de la ciudad de Lima y sus alrededores.

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Las publicaciones de la Oficina Hidrográfica de Santiago sobre la geografía de Perú y Bolivia fueron destinadas para uso militar y no para fines científicos.

Explícitamente lo reconoció el ingeniero Alejandro Bertrand, responsable de coordinar la confección del documento que comentamos. Bertrand escribió en la página 2 del opúsculo: “El plano que damos a la publicidad comprende no sólo las comarcas que pueden ser teatro de la guerra en que Chile está hoy empeñado, sino también las regiones que tienen que recorrer las fuerzas bolivianas que se concentren sobre el litoral al norte de la Quebrada de Camarones.”

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Diego Barros Arana escribió al respecto en su “Historia de la Guerra del Pacífico (1879-1880)”: “La oficina hidrográfica [de Chile] preparó así excelentes mapas de aquellos lugares [las costas de Perú y Bolivia], y tratados descriptivos de la más perfecta claridad en que, a manera de los libros llamados ‘Guías del viajero’, se agrupaban noticias acerca de los accidentes del terreno, de sus recursos, de las dificultades que había que vencer y de los medios de subsanarlas. Los autores de esos escritos reunieron con este objeto todos los datos seguros que hallaban en los libros y en los documentos y los completaron con las noticias que podían suministrar los ingenieros que habían recorrido ese territorio. Los escritos y los mapas salidos de la oficina hidrográfica, que son ahora lo mejor que existe sobre la geografía de las costas del Perú, y de todo el territorio vecino al litoral, fueron impresos en un considerable número de ejemplares, y distribuidos en el ejército y la escuadra para que cada oficial, cada sargento que tuviese que desempeñar alguna comisión, conociera de antemano y con bastante exactitud las condiciones del terreno que tenía que recorrer. De aquí resultó más adelante que el ejército chileno conocía el país invadido mejor aún que los soldados que lo defendían.”

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Contenido pormenorizado de las “Noticias de los departamentos de Tacna, Moquegua y Arequipa y algo sobre la hoya del lago Titicaca.” Puede apreciarse que se hace una descripción de los departamentos de Moquegua y Tacna. En este último caso, la información se presenta detallada para cada una de sus provincias (Arica, Tacna y Tarata).

Tacna y Arica según el espionaje chileno para la Guerra del Salitre

por César Vásquez

Asaltantes a mano armada de 1879 tenian clara idea de las riquezas de la región, las características y limitaciones del terreno y de sus ventajas geopolíticas.

Antes de declarar la guerra al Perú y Bolivia, los genocidas del sur definieron con claridad los objetivos que buscaban alcanzar con el conflicto.

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El documento “Noticias de los departamentos de Tacna, Moquegua y Arequipa y algo sobre la hoya del lago Titicaca (Con una carta geográfica)” hechura de la Oficina Hidrográfica de Chile, proporciona una prueba de las intenciones de ese país de invadir el Perú para apoderarse de las riquezas naturales de Moquegua, Tacna y Arica.

A manera de ejemplo, en las siguientes páginas podrá usted leer las descripciones de los territorios peruanos de Tacna y Arica, en las que se precisan las riquezas y recursos de la zona, así como las características y limitaciones del terreno (página 8).

Haga clic sobre ésta y cada una las siguientes imágenes para ampliarlas en ventanas individuales y poder leer el original del opúsculo.

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Descripción de la provincia de Arica incluyendo la quebrada de Camarones (página 9).

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Continúa la descripción de la provincia de Arica. Incluye información sobre la quebrada de Azapa (página 10)

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Descripción de la ciudad de Arica, que cumple el papel de puerto de Bolivia. “Arica ofrece abundantes provisiones de toda especie... Se puede obtener carbón de piedra y toda especie de recursos para la marina” (página 11).

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Información sobre el armamento peruano: “Actualmente se han instalado en Arica dos baterías; una en el morro, y otra batería provisional al N. de la ciudad” (página 12).

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Descripción de la provincia de Tacna:

“En los Andes se encuentran abundantes y ricas vetas de cobre, plata, fierro y plomo; algunas que se trabajan muy en pequeño, producen hasta el ochenta por ciento. Todas las evtas de cobre contienen plata, hasta 8 marcos por cajón. En otras como en las de Ilabaya, el cobre está tachonado con oro. El azufre puro se encuentra en grandes cantidades en las faldas del Tacora. En algunos cerros de la costa se encuentran también ricas vetas de cobre.

Sin embargo, la verdadera riqueza de esta provincia, como la del departamento entero, consiste en su comercio de tránsito con Bolivia, poderosamente auxiliado por el ferrocarril de Arica a Tacna.” (página 13).

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Sobre el indio de la meseta de Bolivia: “Cada caravana de llamas lleva su partida de indios auxiliares, cuya ocupación es no sólo cargar y descargar y atender al rebaño, sino a veces servir de bestias de carga ellos mismos” (página 14).

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Información sobre comunicaciones: “Como este puerto [de Arica] tiene oficina del cable submarino, se halla en relación telegráfica con el mundo entero” (página 15).

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Comienza la descripción de la provincia de Tarata (página 16).

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“Esta provincia [Tarata] abunda en minas de plata, cobre y otros metales” (página 17).

Fuentes citadas

Oficina Hidrográfica de Chile. Noticias de los departamentos de Tacna, Moquegua y Arequipa y algo sobre la hoya del lago Titicaca. Santiago de Chile, marzo de 1879, Imprenta Nacional. 44 páginas. Además incluye una carta geográfica del territorio comprendido entre los paralelos 14º 30’ y 19º 30’, páginas 8-17.

Constantes históricas en el comportamiento vecinal de Chile


por Félix C. Calderón*

El teorema geopolítico que los peruanos deben tener siempre presente es que Chile ha visto al Perú, históricamente, como su enemigo natural. Y hacen muy mal los panegiristas del entendimiento y la cooperación vecinal en olvidar, soslayar o edulcorar este hecho irrebatible que es, además, inconmovible, por lo menos mientras siga vigente la concepción del Estado-nación. No es esto, obviamente, un reflejo de perdedor, como se ha atrevido a decir un peruano de última hora, a causa sin duda de una reflexión indigesta provocada por su conocimiento superficial de nuestra historia. No. Ese teorema fluye fácilmente del análisis del comportamiento histórico de Chile con respecto al Perú y nos da la pauta de cómo es menester actuar, porque nunca es tarde, para que por fin podamos encarrilar las relaciones vecinales sobre un terreno común de mutuo respeto y ventajas recíprocas.

Antes y después de su existencia como república, Chile ha visto al Perú como una amenaza y, por lo mismo, ha sabido encontrar su razón de ser a sus expensas. Pero no ha sido el único. Simón Bolívar fue el primero en trazar un designio geopolítico avieso contra el Perú, epicentro ancestral de la gran nación andina (principalmente Perú, Bolivia y Ecuador), usurpando Guayaquil y creando luego Bolivia. De esta forma, fragmentó el espinazo andino y contrapuso por casi dos siglos a sus pueblos. Años más tarde, el comerciante de Valparaíso, Diego Portales, hizo el resto con un designio concordante, pero por el sur, a fin de mantener la dependencia del comercio peruano de los puertos chilenos. En suma, el Perú desde su nacimiento como república tuvo que hacer frente al embate de dos pretensiones geopolíticas adversas, por el norte y por el sur, además de la penetración amazónica del imperio brasileño. Situación altamente desventajosa de la que Chile supo aprovecharse con el tiempo para satisfacer sus propias ambiciones.

La usurpación territorial a resultas de la guerra victoriosa que libró Chile contra el Perú en 1879, con la interpósita acción de Bolivia y ayudado por el comportamiento claudicante, como en 1837, de gran parte de la casta política peruana, se tradujo en una serie de constantes en su comportamiento bilateral, cuyos resabios aún se notan hoy en día. Estas constantes en su comportamiento no son, por cierto, exclusivas de Chile. En puridad, son patrones comunes de comportamiento que sigue todo Estado agresor y usurpador, como se desprende de una rápida ojeada a la historia universal, en la medida que se trata de preservar lo usurpado y de erosionar cualquier intento de revancha. Es decir, están signadas por la codicia y el miedo, y su lógica subyace siempre en la fuerza, porque no hay otra forma de mantener lo ajeno. Por lo mismo, no estamos hablando de un comportamiento malicioso estático, sino dinámico, aunque en este caso siempre en función del Perú que representa el peligro a conjurar y mediatizar.

Antes de concluir la paz con Bolivia y obsesionado por su flagrante incumplimiento del Tratado de Ancón de 1883, Chile puso en marcha un reprobable proceso de chilenización en las provincias cautivas de Tacna y Arica con el deliberado propósito de expatriar o exterminar a la heroica resistencia de los peruanos ligados ancestralmente a esos territorios. Es decir, el usurpador efectuó el primer caso mundial de “political cleansing” en el siglo XX. Convergentemente, prejuzgó la solución al problema que generaban esas provincias cautivas, disponiendo de manera arbitraria el trazado del ferrocarril Arica-La Paz, sin parar mientes en usurpar para ese efecto una porción de la provincia de Tarata que no tenía por qué ser parte de la ocupación chilena, tal como lo revelo en mi libro “El Tratado de 1929. La otra historia.” En fin, para ser breve, instigó la rivalidad del Ecuador y Colombia hacia el Perú mediante la venta subrepticia de armas y acuerdos secretos con esos países, en su afán de debilitar el accionar diplomático del Perú que tenía, también, que hacer frente por el norte a pretensiones amazónicas desmedidas por obra de Bolívar, sin contar la competencia por el Acre.

Una vez que suscribió la paz con Bolivia en 1904, Chile se aprovechó del entredicho con el Perú que provocó Bolivia al rechazar el laudo arbitral del presidente argentino Figueroa Alcorta, para azuzar a ese país a la guerra e inclusive venderle armas. Por cierto, ayudaba indirectamente a esta manipulación interesada del vecino del sur el hecho que el Perú accediera al siglo XX con una casta política visiblemente mediocre e incapaz de poner fin al desgobierno y de acometer con resolución la solución definitiva de algunos de los diferendos limítrofes que se mantenía con los cinco países fronterizos. augustobernardinoleguia

Cuando el presidente Augusto B. Leguía, el único estadista que ha tenido realmente el Perú con prescindencia de sus maneras dictatoriales, zanjó definitivamente en setiembre de 1909 las fronteras con Brasil y Bolivia, tras una faena negociadora histórica de tres semanas, la diplomacia chilena buscó arrinconar al Perú exacerbando otra vez las pretensiones de Ecuador y Colombia, mientras se esforzaba inescrupulosamente por consolidar sus posiciones en Tacna y Arica. Basta traer a colación en abono de este aserto la tensión bélica que vivió el Perú en la segunda década del siglo XX, en el frente amazónico, con incidentes como el de “La Pedrera”, o la ruptura de relaciones diplomáticas y consulares con Chile, entre otros. Mas, fue otra vez Leguía quien logró romper la secular inteligencia colombo-ecuatoriana con el Tratado Salomón-Lozano, cuyo efecto inmediato fue malquistar entre sí a esos dos países que en 1916 se habían repartido a su regalado gusto la margen izquierda del río Marañón-Amazonas, disponiendo sin ir muy lejos de la precaria posesión peruana en Leticia. Asimismo, fue Leguía quien zanjó en 1929 de manera definitiva la dolorosa cuestión de las provincias cautivas, logrando el regreso de Tacna a la heredad nacional, aunque parcialmente mutilada por culpa de la propensión usurpadora de los chilenos, como lo prueban las azufreras de Tacora, ahora en poder de Chile y arrancadas al Perú en la hora undécima.

A partir de ese momento, 1929, reducidas las aristas de confrontación del Perú, el interés de la diplomacia chilena se centró, como es lógico suponer, en soliviantar al Ecuador, único país con el cual el Perú mantenía un diferendo limítrofe, como mejor manera de complicar el accionar diplomático de Torre Tagle que debía, además, procurar la plena y satisfactoria ejecución del Tratado Rada Gamio-Figueroa Larraín. Tras el conflicto del Zarumilla en 1941 y producido el cese de fuego, como lo detallo en mi libro “La negociación del Protocolo de 1942: mitos y realidades,” la diplomacia chilena buscó afanosamente con el apoyo del Ecuador, sumarse al trío de Estados (Argentina, Brasil y Estados Unidos) que por años venían ejerciendo sus buenos oficios para resolver la controversia limítrofe. No fue, dentro de este contexto, un gesto altruista ni desinteresado de Chile; sino una previsible maniobra, íntimamente ligada a sus pretensiones portuarias en el Pacífico (no obstante mediar condiciones geográficas adversas) que lo obligaban a poner cortapisas a la ejecución del artículo 5° relacionado con el muelle de atraque a favor del Perú para así reducir a la nada la ventaja arrancada por Leguía al final de la negociación en 1929. Por eso, la venta de municiones y armamentos que hizo Chile al Ecuador en 1995, en plena guerra del Cenepa, no fue un hecho casual o accidental. Nada de eso, fue una acción deliberada propia de quienes actúan con mentalidad usurpadora. Y si un japonés sin raíces peruanas no le dio en ese entonces la importancia debida, esto no inhibe de responsabilidad a quienes ejecutaron por esos días la política exterior del Perú. Porque si en el caso de Argentina se ha llegado a determinar que hubo una operación delictiva, conducida clandestinamente, de allí el juicio al que fueron sometidos los responsables; en el caso de Chile fue una acción consentida por su propio gobierno, y esto es lo grave, al punto que a nadie en ese país se le haya juzgado por ese hecho protervo y felón, una vez puesto en evidencia.

La vinculación de su ambiguo papel de garante con la plena ejecución del artículo 5.° del Tratado de 1929 queda evidenciada cuando al año siguiente de haberse concluido la paz con el Ecuador, en 1999, Chile concluyó con el Perú un Acta de Ejecución destinada a cerrar la controversia portuaria que fue la que mayores dificultades creó durante la negociación del tratado entre noviembre de 1928 y mayo de 1929. Como era de esperarse, el Perú estuvo lejos de obtener en 1999 lo que Chile propuso originalmente al presidente Leguía, si se compara el imponente muelle atribuido al Perú que figuraba en el plano del desarrollo portuario de Arica entregado por el embajador chileno Figueroa Larraín al mandatario peruano, en mayo de 1929, con el inútil y dependiente mini-atracadero situado fuera del marco original de la bahía de Arica que hoy se considera como el “muelle” peruano (véase los anexos de mi libro sobre el Tratado de 1929).

Sin embargo, en honor a la verdad, no fue éste un logro reciente de la diplomacia chilena, pues ya en 1964 y más tarde en noviembre de 1985, Chile había sentado mañosamente las bases de esa nueva usurpación, una vez que el taimado Ríos Gallardo intuyó en la década de los cincuentas que el Perú había perdido el plano entregado a Leguía y, por lo tanto, la diplomacia peruana desconocía ese importante compromiso. Claro que lo mismo no puede decirse de quienes negociaron el Acta de Ejecución, por cuanto quien esto escribe exhumó literalmente dicho mapa del archivo central de Torre Tagle a fines de 1998, tras casi setenta años de haber sido ignorado. Ergo, hay responsabilidad histórica por parte de quienes en 1999 transigieron con la arremetida chilena a sabiendas de que hacía trampa. Es más, hay razón para preguntarse si no era mejor reabrir las negociaciones en materia de ejecución del artículo 5°, justamente porque existía, además, el problema colateral de la delimitación de la frontera marítima con Chile, en el cual la mentalidad usurpadora amenazaba inclusive con apropiarse del pequeño triángulo de playa situado al norte del arco que sigue la línea limítrofe y, por ende, peruano.

Para recapitular, ha sido la lógica implacable del teorema geopolítico enunciado al inicio de este artículo, la que explicaría la persistencia por parte de Chile en la observancia de esas constantes de comportamiento en su relación con el Perú. Aparte de ser muy redituable en términos territoriales, le ha permitido guardar coherencia en su accionar, al margen del carácter civil o militar de sus sucesivos gobiernos, dar continuidad a su diplomacia y ha hecho previsible su proyección geopolítica. Obsesionados como siguen con ese enemigo natural, algo que no ocurre en el Perú en que a un sector de la burguesía le gusta ver a Chile como su aliado, el miedo a la revancha es un fantasma omnipresente en los chilenos, como igualmente lo es la gran amenaza que supone la reconstitución de la gran nación andina.

De allí que la diplomacia chilena haga ahora todo lo posible por profundizar la división entre los pueblos andinos (echarle la culpa al Perú en la solución de la aspiración marítima de Bolivia, en virtud de la cláusula cerrojo de su autoría incluida en el Protocolo Complementario, es un ejemplo de ello), puesto que ha descubierto que si quiere mantener cierta supremacía en esta parte de mundo, vale decir asegurar su supervivencia, no tiene más remedio, ante la imposibilidad de nuevas guerras de conquista, que transformar al Perú y Bolivia, por lo menos en el corto y mediano plazo, en su hinterland vital habida cuenta de la clamorosa carencia que adolece su tripa territorial de recursos energéticos, hídricos y los limites asfixiantes de su diversidad biológica. Y es aquí cuando el Perú debe imaginar, concebir e implementar una política de respuesta y contención igualmente duradera, ambiciosa y agresiva en diferentes planos, sobre la base del principio rector que en los tratos con el usurpador es éste quien tiene que hacer las concesiones y no al revés.

Desde este punto de vista, el problema de la delimitación marítima debe involucrar a los Estados Unidos como árbitro por haber puesto Chile en tela de juicio el punto final de la frontera terrestre que es hacia abajo en el sentido del arco, y no del paralelo geográfico. Asimismo, se debe reglamentar de conformidad con las disposiciones constitucionales sobre seguridad y defensa la penetración chilena en el sector terciario, principalmente de los servicios, teniendo en cuenta los riesgos que entraña esa mentalidad usurpadora del hinterland. No deja de ser paradójico que Chile figure como un exportador mundial de maderas tropicales sin tener selva. Tampoco parece lógico que el Perú venda gas a Chile para atender las necesidades energéticas de los territorios que fueron usurpados, salvo que pague el doble o le vendamos, mejor, energía eléctrica. En fin, antes de poner una serie de etcs., se debe exigir a Chile que, sin mayor dilación, proceda a la rectificación histórica brindando las disculpas debidas y otorgando las reparaciones del caso por las atrocidades cometidas durante la invasión usurpadora de 1879 y con posterioridad hasta 1929, incluyendo la compensación a los peruanos de Arica y parte de Tacna por sus propiedades privadas arrebatadas, la edición de libros de historia que pinten los hechos tal como ocurrieron para escarnio de sus llamados héroes, la supresión del homenaje a sus glorias nacionales porque eso es una afrenta para el Perú (sobre todo en el Morro de Arica), y la devolución de lo robado. Pues no hay peor injuria que la subliminal, como lo ha demostrado ese infamante vídeo de Lan, obra de imberbes. En Europa solo se ha podido hablar de reconciliación una vez que los agresores han hecho propósito de enmienda y han reivindicado la dignidad de los pueblos ofendidos.

Por último, sin ser menos importante, en cuanto al objetivo de la reconstitución de la gran nación andina, que es lo que aterra a los chilenos, éste solo podrá ver la luz si los prolíficos pueblos andinos en los tres países involucrados ponen el sincretismo histórico al servicio del mandato telúrico.

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Embajador, autor de los libros “El Protocolo de 1942: mitos y realidades.” (Academia Diplomática del Perú, 1997), “El Tratado de de 1929. La otra historia.” (Congreso de la República, 2000), y “Las veleidades autocráticas de Simón Bolívar.- Tomo I: La usurpación de Guayaquil” (Aleph, a publicarse este mes de junio), entre otros.

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Lea www.voltairenet.org/es
(Cartavio, La Libertad; 1947- Lima, setiembre 5, 2011)

Fortificaciones chalacas descritas en folleto enemigo publicado a un mes de iniciada la guerra

Escribe: César Vásquez Bazán

Asi espió Lima y Callao en 1879 el siempre leal Gobierno de Chile.

Premeditacion invasora de los barbaros del sur.

Portada del folleto “Noticias sobre las Provincias del Litoral correspondiente al Departamento de Lima y de la Provincia Constitucional del Callao (Con una carta geográfica)” de la Oficina Hidrográfica de Chile. La obra fue preparada años antes de la Guerra del Salitre. Fue publicada en Santiago el 5 de mayo de 1879, es decir exactamente un mes después de la declaratoria de guerra por Chile el 5 de abril de 1879.

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El opúsculo chileno que presentamos es una prueba adicional de la premeditación de la rapiña sureña en contra de Perú y Bolivia. Desde el mismo inicio de la guerra, los genocidas chilenos sabían que tendrían que tomar Lima y el Callao por asalto, para asegurar el control político del Perú y lograr imponer el arrebato territorial de Tarapacá, Tacna y Arica.

Podrá usted constatar en las siguientes imágenes que nuestrossiempre leales vecinos del sur contaban, por ejemplo, con una descripción de las fortificaciones del Callao en cada uno de sus fuertes, torres, torreones y baterías, con indicación del número de cañones y de su calibre en libras. En el opúsculo también se deja constancia del tipo de muro o blindaje (en pulgadas) de las fortificaciones chalacas.

El folleto contiene un mapa de las costas del Perú entre Puerto Chilca y Puerto Chancay y el trazado de los caminos y ferrocarriles que parten de Lima y el Callao.

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Las fortificaciones del Callao descritas en las “Noticias sobre las Provincias del Litoral correspondiente al Departamento de Lima y de la Provincia Constitucional del Callao”, sección 111, páginas 72 y 73.

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Mapa de la costa del departamento de Lima y la Provincia Constitucional del Callao.

Fuente citada

Oficina Hidrográfica de Chile. “Noticias sobre las Provincias del Litoral correspondiente al Departamento de Lima y de la Provincia Constitucional del Callao (Con una carta geográfica)”. Santiago de Chile, 5 de mayo de 1879, Imprenta Nacional. 75 páginas. Incluye una carta geográfica de la costa del departamento de Lima y la Provincia Constitucional del Callao.

El heroísmo de la fragata Independencia

combate iquique

Por César Vásquez Bazán

La fragata peruana “Independencia” encallada frente a Punta Gruesa, Iquique, el 21 de mayo de 1879. A la izquierda aparece la goleta chilena “Covadonga” desde la que se cañoneó, ametralló y efectuaron descargas de fusilería contra los náufragos peruanos.

“Los militares heridos o enfermos serán recogidos y cuidados, sea cual fuere la nación a que pertenezcan.”

Convenio de Ginebra del 22 de agosto de 1864 para el mejoramiento de la suerte de los militares heridos en los ejércitos en campaña, artículo 6.

El principal crimen de guerra cometido por Chile contra el Perú y Bolivia durante la Guerra del Salitre, entre 1879 y 1884, fue el asesinato, tortura, tratamiento inhumano y maltrato de heridos, náufragos, prisioneros de guerra y población civil de los territorios ocupados.

Las acciones de aniquilamiento cumplidas por los militares chilenos no constituyeron hechos aislados o casuales. En la historia del conflicto han quedado registradas las atrocidades cometidas por los invasores del sur, por lo que éstas deben considerarse como expresión de una política deliberada y sistemática.

En esta breve nota se tratará uno de los primeros casos de barbarie chilena contra combatientes peruanos. Se trata de la masacre de los náufragos de la Independencia, blindado que encalló durante el combate de Iquique, frente a Punta Gruesa, el 21 de mayo de 1879. Tras hacer agua, la dotación de la Independencia se vio progresivamente imposibilitada de usar sus cañones y armamento. Al agravarse la situación de la fragata, la mayoría de sus más de trescientos tripulantes se lanzaron al mar para tratar de alcanzar la costa a nado o en botes.

Al constatar el estado de la nave peruana, la Covadonga detuvo su huída y regresó a la escena del combate. Cumpliendo órdenes del en ese entonces capitán de corbeta Carlos Condell de la Haza, la goleta chilena cañoneó, ametralló y descargó su fusilería por más de cuarenta minutos sobre los náufragos de la Independencia cuando éstos no tenían armas ni posibilidad de defenderse.

Testimonios sobre la masacre

Existen diversos testimonios de origen chileno y peruano que documentan la masacre de los náufragos de la Independencia.

Entre los testimonios chilenos pueden citarse los proporcionados por el historiador Benjamín Vicuña Mackenna, el diario El Mercurio de Valparaíso y el comandante en jefe de la escuadra sureña, Juan Williams Rebolledo.

En el campo peruano debe mencionarse la relación hecha por testigos presenciales del combate entre la Independencia y la Covadonga. Entre ellos, aparece el nombre de Modesto Molina, redactor del diario El Comerciode Iquique, y Benito Neto, corresponsal del diario La Patria de Lima. Asimismo, es importante considerar la exposición del marino Fortunato Salaverry, oficial de señales de la Independencia, y la descripción proporcionada por historiadores como Mariano Felipe Paz Soldán y Jorge Basadre.

Testimonios chilenos sobre la masacre

En su obra Episodios marítimos: Las dos Esmeraldas, Benjamín Vicuña Mackenna reconoció que los dirigidos por Condell efectuaron descargas de fusilería en contra de los indefensos marinos peruanos que nadaban tratando de salvarse del naufragio de la Independencia. Sin embargo, trató de restar importancia al incidente, atribuyéndolo al furor de la contienda, a la falta de control de algunos pocos marineros chilenos y al hecho que los náufragos peruanos no se habían rendido. El historiador chileno escribió:

“Fue dolor, sin embargo, que… se sintiesen a bordo de la goleta victoriosa algunos disparos de rifle, hechos por marineros bravíos cebados en la batalla por la fiebre del combate.

Y sin embargo que estos hechos han pasado así, con tan natural llaneza, grande e incomprensible ha sido la alharaca de los vencidos… [que] han acusado de asesinos a los que dispararon sobre hombres no rendidos.”

(Vicuña, 438-439)

vicuna macjena 438

La masacre de los marineros de la “Independencia” en versión del historiador Vicuña Mackenna. Según el historiador chileno, el hecho sólo involucró “algunos disparos de rifle de la goleta victoriosa.” Haga clic sobre ésta y las siguientes imágenes para ampliarlas y leerlas con mayor comodidad.

vicuna mackenna 439

Vicuña Mackenna intentó justificar “los disparos de rifle de la goleta victoriosa” aduciendo que los marineros de la “Independencia” no se habían rendido.

El segundo testimonio chileno proviene del periódico El Mercurio de Valparaíso, edición del 4 de junio de 1879. El diario relata los hechos de la siguiente manera: “Eran las 12.45 p.m. y todo había concluido. LaIndependencia se recostaba por estribor, su gente caía al agua, sus botes se volcaban, la fusilería de la Covadonga hacía destrozos” (citado en Caivano, 241).

El tercer testimonio chileno fue proporcionado por Juan Williams Rebolledo, comandante en jefe de la escuadra chilena. El dos de junio de 1879, Williams redactó su parte sobre el combate de Iquique, signado con el número 194. En él describió que “Las bajas del Covadonga se ignoran, lo mismo que las del Huáscar e Independencia, pero se cree que hayan sido muchas las de este último buque, pues ayer todavía hemos visto flotando sobre las aguas algunos cadáveres cerca de Punta Gruesa” (Parte 194 incluido en Ahumada, 12).

El relato del comandante de la escuadra del sur proporciona una idea de la magnitud de la masacre teniendo en cuenta que once días después del combate aún flotaban frente a Iquique los cuerpos sin vida de los marinos de la Independencia. A pesar que Williams se encontraba en el blindadoBlanco Encalada, al ancla en Iquique, los cadáveres de los náufragos peruanos no fueron recogidos ni por esa ni por ninguna nave chilena. Williams demostró así tener similar actitud a la de Condell, quien tampoco se preocupó de auxiliar a los náufragos de la Independencia cuando nadaban por sus vidas. Mientras Grau recogió a los sobrevivientes de laEsmeralda y los entregó como prisioneros en Iquique, el capitán chileno no auxilió a ningún náufrago peruano. El informe de Condell dando cuenta del combate de Iquique no menciona haber tomado prisionero peruano alguno.

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El Parte 194 de Juan Williams Rebolledo, comandante en jefe de la escuadra chilena y los cadáveres peruanos flotando frente a Iquique once días después del combate.

Testimonios peruanos sobre la masacre

El primero de los testimonios peruanos fue provisto por Modesto Molina, quien presenció el combate como redactor del diario El Comercio de Iquique. Molina escribió: “Luego que el Huáscar tomó a los prisioneros que, en número de cerca de cuarenta, pudieron salvarse, se dirigió al sur en persecución de la Covadonga y en auxilio del blindado. Cuando ésta vio a nuestro monitor, cesó en la infame tarea de asesinar náufragos, y tomó la fuga” (incluido como documento número 25-I en Vicuña, CLXXIII).

Benito Neto, corresponsal del diario La Patria de Lima también fue testigo presencial de la matanza. El 23 de mayo de 1879, escribiendo desde Iquique, Neto relató la masacre en los siguientes términos:

“Mientras que los náufragos de la Esmeralda recibían de parte de nuestros marinos todo género de socorros y de consideraciones, los de la Independencia eran cobardemente asesinados por los chilenos.

He ahí, en dos episodios daguerreotipados el carácter, la índole de dos pueblos.

El uno altivo, caballeresco y humano; el otro alevoso, rastrero y cobarde.

¡Miserables!”

El informe de Neto fue incluido como documento número 25-II en Vicuña, CLXXX.

Asimismo, debe citarse la exposición de Fortunato Salaverry, oficial de señales de la Independencia, declaración hecha en Lima, el 11 de junio de 1879. Escribió Salaverry:

“Perdido ya el buque [la Independencia] , se izó en el trinquete una bandera a cuadros rojos y blancos en sentido diagonal, antecedida de la inteligencia delHuáscar pidiéndole socorro, la que fue arriada poco después, por ser inútil la señal, desde que nuestro monitor se encontraba como a doce millas de distancia. La bandera de la señal al Huáscar no ha podido pues equivocarse con la de parlamento, por el comandante de la Covadonga: y si por tal la tuvo ¿cómo es qué continuó haciendo fuego, por más de cuarenta minutos, sobre los tripulantes de la nave encallada que ya no se le contestaba, porque no tenían con qué; sobre los náufragos, cuya sangre hemos visto en el agua, por varias partes; y aún sobre los que ya salvos, se refugiaban en tierra y donde fue herido por una bala de rifle el practicante de medicina don Manuel Ugarte? ¿Qué puede contestar a estos hechos el señor Condell, ante su conciencia y la humanidad?… [Los marinos enemigos] estaban recreándose en fusilar a los que luchaban con las olas por salvarse” (incluido como documento número 28 en Vicuña, CXCVIII y CXCIX).

Los historiadores peruanos también registraron la masacre de los marinos de la Independencia. En su Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia, Mariano Felipe Paz Soldán (174-175) escribió:

“La Covadonga huía velozmente, al observar que laIndependencia estaba inmóvil y completamente recostada, regresó, vio que la tripulación se salvaba en botes y se dirigía a la playa vecina, en donde la fuerza de tierra la esperaba para socorrerla; en esas circunstancias, Carlos Condell, comandante de la Covadonga mandó hacer fuego de cañón y de fusilería sobre los náufragos, victimándolos a mansalva y sobre seguro: contraste singular con lo que el noble Comandante del Huáscar hacía en esos mismos momentos con los náufragos de la Esmeralda, a quienes salvaba en sus propios botes; descuidando la protección a sus compañeros… Indigno y sanguinario comportamiento [el] del Comandante de la Covadonga con los náufragos de la Independencia.”

Finalmente, Basadre explicó:

“Se llenó de agua el buque, apagáronse los fuegos y se suspendieron los calderos. La Covadonga regresó entonces para ametrallar a los náufragos. Los cañones de laIndependencia contestaron aunque casi los cubría el agua; luego siguieron las ametralladoras de las cofas y los rifles y revólveres de la tripulación agolpada en la cubierta, hasta agotarse las municiones. Y a mansalva, laCovadonga siguió haciendo fuego a los tripulantes que nadaban en el mar y al buque mismo” (Basadre, 72).

Conclusión

Como se mencionó al inicio de esta nota, el principal crimen de guerra cometido por Chile durante la Guerra del Salitre fue el asesinato deliberado y sistemático de heridos y náufragos peruanos. La masacre de los infortunados marineros de la Independencia, a la terminación del combate de Iquique, es sólo una de las primeras expresiones de la barbarie del invasor contra los combatientes peruanos. El responsable de la matanza de Punta Gruesa fue el capitán Condell, comandante de la Covadonga, quien es considerado un héroe en Chile al atribuírsele la responsabilidad del encallamiento de la Independencia. Sin embargo, un análisis más completo de sus actos tras el combate de Iquique no lo califica como un titán sino como un verdugo de centenares de hombres que, desarmados y nadando, luchaban por salvar la vida. El fusilamiento de náufragos no es propio de héroes; anuncia más bien la presencia de un criminal de guerra, que es lo que representa en el Perú el nombre del oficial de la Armada chilena Carlos Condell de la Haza.

Fuentes bibliográficas

Ahumada Moreno, Pascual. 1888. La Guerra del Pacífico. Valparaíso: Imprenta y Librería Americana, Tomo V.

Basadre, Jorge. 1968-70. Historia de la República del Perú. 6ta. ed. Lima: Editorial Universitaria, Tomo VIII.

Caivano, Tomás. 1904. Historia de la Guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia. Iquique: Librería Italiana Baghetti Hermanos.

Paz Soldán, Mariano Felipe. 1884. Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia. Buenos Aires: Imprenta y Librería de Mayo.

Vicuña Mackenna, Benjamín. 1879. Episodios marítimos: Las dos Esmeraldas. Santiago de Chile: Rafael Jover editor.

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Nave chilena en Arequipa sobrevoló base de Locumba

La hipótesis de la FAP es que los presuntos espías que ingresaron a cielo nacional querían “probar” si eran detectactos rápidamente por personal peruano.

Nave chilena en Arequipa sobrevoló base de Locumba

La investigación sigue en proceso. (Foto: Internet)

Arequipa . Antes de sobrevolar la Base Aérea de La Joya, en Arequipa, el helicóptero chileno que fue intervenido en Arequipa, el pasado 25 de agosto, también pasó sobre la Base Militar de Locumba, en Tacna, y además habría volado cerca del Cuartel Militar Mariscal Nieto de Moquegua, según indicó el procurador Weider del Águila Tello ante el fiscal Luis García Huanca.

Según se supo, una de las hipótesis que maneja la Fuerza Aérea del Perú (FAP) es que los presuntos espías habrían ingresado al cielo nacional con el único fin de conocer el tiempo de respuesta de la FAP ante un eventual ingreso de naves extranjeras.

El mayor general de la Fuerza Aérea del Perú en Arequipa, Carlos Portocarrero Bustamante, señaló que el aparato fue detectado apenas ingresó al cielo peruano, informó Perú 21.

Sin embargo, esta versión no sería precisa ya que el procurador también le habría dicho al fiscal que se ha iniciado una investigación dentro de la institución para determinar las razones por las que demoraron en detectar, identificar y obligar a aterrizar al helicóptero chileno.