domingo, 7 de noviembre de 2010

Fascismo en Perú


Oliver Stark ostark@peru21.com Opina

El reciente triunfo legal del Cardenal Cipriani sobre una Universidad Católica manejada por ex fundadores del velasquista Partido Socialista Revolucionario y la confirmación del Tribunal Constitucional de que el manejo del Comité de Administración de dicha universidad debe, efectivamente, ser manejada por una terna en la que prime el liderazgo del Cardenal Arzobispo de Lima, según manda el testamento del que donó toda su fortuna a la institución, ha hecho recordar a un insigne intelectual de la derecha peruana, don José de la Riva Agüero y Osma.

Considerado por algunos historiadores como el fundador del fascismo aristocrático peruano, Riva Agüero fue, efectivamente, un devoto de Benito Mussolini y el fascismo italiano al que consideraba en su versión cristiana como la única fuerza capaz de frenar al socialismo ateo y el liberalismo protestante. Ferviente católico radical renuncia a sus puestos públicos durante el gobierno de Leguía en protesta por la aprobación de la ley del divorcio por mutuo disenso y desvía la donación de su fortuna de su original beneficiario, la Universidad de San Marcos, a la entonces Universidad Católica porque en la primera “se encontrarían muchos ateos”.

Así como admiró el fascismo y a Mussolini y apoyó y hasta presidió un partido desaparecido hoy, la Acción Patriótica, que apoyaría la candidatura presidencial de Manuel Vicente Villarán, Riva Agüero también era un antirracista confeso que declaraba abierta y claramente su distancia con un Hitler que, entonces, ya planeaba su solución final. Trató de unificar a las derechas peruanas de los 30 y no renegaba y más bien gritaba con orgullo y a viva voz su adherencia a la derecha a diferencia de lo que hacen hoy todos los partidos de derecha que reniegan a llamarse como tal.

Fue en los claustros de esa Universidad Católica que el fascismo arraigó de la mano de una red de colegios regentados por religiosos católicos que no solo hicieron gestos a favor del fascismo, sino también trataron de elaborar una ideología fascista peruana basados en la inteligentzia y las capas medias profesionalizadas del Perú, así como también en la experiencia histórica. Fue un intento por ideologizar desde una perspectiva culta y de muy alto nivel el descontento en la juventud por las viejas clases dominantes (¿suena familiar?), llevándolos por un camino que no creía ni en el capitalismo depredador de las riquezas nacionales (¿suena familiar 2?) ni en el socialismo ateo, económicamente inviable y aniquilador del individuo (¿suena familiar 3 ?). Lamentablemente y debido a que careció de una tradición propia a la que acudir en busca de inspiración, el fascismo en el Perú nunca levantó vuelo a pesar de contar con el apoyo de la Iglesia Católica y la capas medias.

En un Perú que se debate entre los fuegos cruzados de un capitalismo depredador y excesivamente laxo y un socialismo fracasado, cabe preguntarse si una opción de camino medio entre los dos en la que prevalezca la realidad a los principios, la razón a los sentimientos y el orden al libertinaje pueda volver a ser una opción viable para el Perú.

Fentenapu rechaza compromisos de gobernantes de turno


MODERNIZACION PORTUARIA URGENTE


RESPETANDO LOS INTERESES DEL PAIS Y NO LOS COMPROMOMISOS DE LOS GOBERNANTES DE TURNO


Me dirijo a todos los PERUANOS DEMOCRATICOS que creemos y estamos convencidos que nuestra patria es fuerte, colosal y con un extraordinario futuro para promover la verdadera MODERNIZACION PORTUARIA, ES URGENTE, RESPETANDO LOS INTERESES DEL PAIS Y NO LOS COMPROMOMISOS DE LOS GOBERNANTES DE TURNO. Asimismo, para expresar mi reconocimiento a los trabajadores portuarios, el pueblo del Callao y a todos los peruanos por su valiosa participación en la lucha por la defensa de nuestros puertos peruanos y del patrimonio nacional.


LOS TRABAJADORES PORTUARIOS, EL PUEBLO PERUANO Y, ESPECIALMENTE, LOS SECTORES DE LA COMUNIDAD PORTUARIA NACIONAL, ESTAMOS COMPROMETIDOS CON LA FIRME Y CONSECUENTE DEFENSA DE LOS PUERTOS PERUANOS Y CON UNA REAL MODERNIZACIÓN DEL SISTEMA PORTUARIO NACIONAL; HEMOS DEMANDADO AL GOBIERNO DEL PRESIDENTE ALAN GARCÍA PÉREZ Y SUS FUNCIONARIOS, EL RESPETO IRRESTRICTO A LA LEY 27943, LEY DE PUERTOS Y AL PLAN NACIONAL DE DESARROLLO PORTUARIO. REITERADAMENTE, HEMOS LLAMADO AL DIÁLOGO, PROPONIENDO UNA AGENDA NACIONAL DE CONSENSO PORTUARIO, CON MEDIDAS URGENTES PARA AFRONTAR UNA INTEGRACIÓN COMPETITIVA DEL PERÚ, PONIENDO POR DELANTE LOS OBJETIVOS DEL DESARROLLO NACIONAL.

Entre las medidas propuestas están:

1. El fortalecimiento y modernización de ENAPU como administrador público portuario respetando sus competencias y sus funciones básicas.
2. El inicio urgente de las inversiones en infraestructura y equipamiento del Puerto del Callao para fortalecerlo como el Megapuerto Peruano del Pacífico Sur.
3. La conformación inmediata de las Autoridades Portuarias Regionales para el diseño y ejecución de las inversiones que los puertos provinciales requieren urgentemente.
4. Que el congreso de la Republica debata en el pleno, el Proyecto de Ley N° 1648 “LEY PARA EL FORTALECIMIENTO DE ENAPU”
5. La reinversión de sus utilidades en nueva infraestructura, maquinaria de última generación en el puerto del Callao y los Terminales Provinciales

Hasta la fecha no hemos sido atendidos, desde el Poder Ejecutivo: la PRESIDENCIA DEL CONSEJO DE MINISTROS – PCM, el MINISTERIO DE TRANSPORTES, FONAFE, PRO INVERSION, la APN y OSITRAN vienen implementando una serie de medidas que frustran seriamente las posibilidades de la modernización competitiva del Puerto del Callao y de los puertos provinciales públicos administrados por ENAPU S.A., bloqueando el objetivo del megapuerto, para favorecer a los intereses privados mercantilistas.

El Ministerio de Transportes¸ Pro Inversión y la APN, excluyen el mandato de la Ley de Puertos 27943 y el Plan Nacional de Desarrollo Portuario – PNDP, para conformar las Autoridades Regionales Portuarias, tanto en el Puerto del Callao como en los puertos regionales, con excepción de la Región Ancash, que ya se ha instalado por la presión del pueblo Ancashino. Al no respetarse las normas antes indicadas, permite arbitrariamente al gobierno de turno, suspender las inversiones de ENAPU S.A., en el puerto del Callao, así como en los puertos regionales, para impedir su modernización y justificar su desaparición, para desmantelarla y privatizar todos los puertos públicos administrados por ENAPU S.A.

Teniendo en cuenta que el Directorio de la APN está conformado por directores representantes de los Gobiernos Regionales, los usuarios portuarios, los trabajadores y municipalidades provinciales; consideramos que, decisiones de gran consecuencia como es el caso de la modernización del Puerto del Callao o Terminal Norte administrado por ENAPU S.A.; deben sustentarse en acuerdos institucionales de los sectores representados. Sin embargo, hasta la fecha no se han instalado las Autoridades Portuarias Regionales y los trabajadores no contamos con un representante en el Directorio de la APN, debiéndose también establecer la representación de los trabajadores en el Directorio de ENAPU SA., porque necesitamos una mayor presencia representativa.

Los trabajadores hemos planteado una estrategia portuaria competitiva del Perú con el fortalecimiento y continuidad del rol fundamental de ENPU, con la participación del sector privado, creemos y estamos convencidos en los cambios como base para el desarrollo nacional y el comercio exterior peruano.

Desde hace más de 20 años promovemos el consenso portuario a través de la presentación de sendas Iniciativas Ciudadanas: La primera iniciativa legislativa, permite hoy al país, contar con la Ley de Puertos N° 27943 y el Plan Nacional de Desarrollo Portuario – PNDP y la segunda iniciativa legislativa, presentada por los trabajadores portuarios que pide proteger la soberanía portuaria, energética y la afirmación de las empresas públicas estratégicas como Petroperú, Enapu, Corpac y Sedapal, que lamentablemente la Comisión de Economía del Congreso de la Republica arbitrariamente la ha archivado.

No perdamos de vista los objetivos de este proceso de modernización ni dejar de considerar el principio de seguridad estratégica nacional, el de una rápida expansión del Comercio Exterior y otros, que en resumen tienen que ver con la condición del Callao de puerto Hub. Los objetivos y principios van de la mano con el planeamiento que debemos hacer de la infraestructura, equipamiento y gestión portuaria.

Es indispensable empujar el accionar del puerto por la ruta de la competitividad y rentabilidad, tanto intraportuaria como interportuaria, respondiendo con niveles altos de calidad en la atención a los usuarios, así como también en la atención de los servicios a las naves y a la carga, para que sea viable el proceso de modernización y equipamiento permanente de los puertos peruanos.

Ante el interés desmedido y falta de transparencia por parte de los gobernantes de turno, teniendo en el Sr. Ministro de Transportes a su más tenaz representante, han convocado y puesto en marcha el proceso de privatización o como ellos lo llaman concesión del denominado “Terminal Norte del Callao” administrado por ENAPU S.A., teniendo como meta, entregar todo, los primeros días del mes de enero del 2011 sin escuchar a nadie, a pesar que tienen la obligación de informar previamente sobre las operaciones, fianzas, avales y otras garantías que otorgue el Estado, inclusive los proyectos del contrato, que en cualquier forma comprometen el crédito o capacidad financiera del estado. Por ello, pedimos al Congreso Nacional asumir su responsabilidad fiscalizadora de estos actos del Poder Ejecutivo.

Las ilegalidades e irregularidades que se vienen ejecutando deben ser anuladas. Deben eliminarse las trabas que impiden a la Empresa Nacional de Puertos ENAPU SA, de acuerdo a Ley, invertir y convocar socios financieros y empresariales. El Poder Ejecutivo entrega a monopolios privados los recursos públicos, bajo formas jurídicas ilegales. Entre ellas la asociación en participación donde Enapu se disuelve empresarialmente como el asociado; el modelo de concesión que hipoteca soberanía portuaria y establece subsidio del Estado y los usuarios al monopolio privado. El mismo proceso de concesión sufre inopinados cambios y alteraciones en sus documentos básicos, en medio de denuncias públicas de intervenciones y pugnas entre ministros para favorecer a uno u otro postor. Con estas ilegalidades del proceso de concesión en curso se dificulta la indispensable modernización competitiva de los puertos administrados por ENAPU S.A. y en especial al puerto del Callao para proyectarlo como el Puerto Publico Hub del Pacifico Sur.

No permitamos que se sigan cometiendo estos actos contra los intereses de nuestra nación, porque están eligiendo un improvisado Esquema Portuario, imponiendo un Monopólico Privado para impedir que ENAPU S.A. SE MODERNICE Y FORTALESCA, afectando directamente al comercio exterior y a nuestro país, están repitiendo el mismo modelo entreguista, antinacional y subsidiario impuesto en la Privatización del Terminal Portuario de Paita (el “Faenon de Paita”). De esta forma, quieren regalar el Terminal Portuario del Callao administrado por ENAPU S.A. a una Concesionaria Asociante, con el compromiso de una oferta de inversión obligatoria de US$ 250 millones que realizaría en dos etapas, fondos que se obtendrían en los primeros cuatro años de operaciones, entregándole en hipoteca todos los activos de ENAPU S.A. y el dominio total de los puertos. Además, como regalo le concederían la valiosa cartera de clientes formada por Enapu a lo largo de décadas y sus utilidades netas, implantándose un monopolio total acompañado de un tarifazo en contra de todos los peruanos.

El Sr. Presidente de la Republica quien públicamente abala este proceso antinacional coordina con el Sr. Ministro de Transportes para imponernos antidemocráticamente a través de diversos decretos de urgencia unas bases de privatización que permiten la desaparición de ENAPU S.A., convirtiendo ilegítimamente a ENAPU S.A. de empresa administradora de los puertos públicos peruanos a empresa “asociada” en el papel. Luego, con el cambio de la ministra de economía, aparece un nuevo actor con sus propios intereses, el nuevo ministro de economía, quien públicamente a través de la prensa presiono para que se rebajen las exigencias a los postores y puedan entrar por la ventana medianos operadores, con un nuevo “cambio a la medida” a través de circulares y cambios en los contratos.

Compatriotas, estamos escandalosamente frente a dos posiciones de los gobernantes de turno para regalar el Puerto del Callao y desaparecer a ENAPU S.A.. La primera posición tal como se especula en la prensa, seria desde el Ministerio de Transportes quien estaría promoviendo como posible “asociante” a una empresa china llamada “Hutchinson” y la segunda posición tal como se supone en la prensa, seria desde el Ministerio de Economía quienes estarían promoviendo como posible beneficiario a la empresa Ports América Groups, ligada a la aseguradora AIG, quien se adjudicó en USA los acciones que dejo Dubai Ports (Operador del muelle sur en el Callao), y que se estaría asociando con el grupo que dirige Von Appen, naviero portuario chileno quien controla los almacenes extraportuarios y los servicios en el puerto del Callao y en todos los puertos del país. Además, tiene el control del 85 % de los servicios portuarios en el Perú. Este conflicto entre empresas y expresada por Ministros de estado quienes intervienen directamente en las decisiones del proceso de privatización en marcha, evidencian irregularidades, sustentadas en la coalición entre ellos para liquidar ilegalmente la Empresa Nacional de Puertos – ENAPU S.A., en beneficio de algunas empresas privadas interesadas.

Consideramos que las decisiones que se adopten sobre este importante proyecto, deben darse con estricto apego al mandato de la ley, a los lineamientos del Plan Nacional del Desarrollo Portuario y a los objetivos estratégicos de modernización del Sistema Portuario Nacional. Por lo que es inadmisible que se pretenda señalar un plazo perentorio extremadamente corto para resolver sobre un tema que amerita un detallado análisis técnico y legal.

Sindicalmente,

AUGUSTO CHÁVEZ TORRES
SECRETARIO GENERAL ADJUNTO
FENTENAPU

Universidad Alas Peruanas lanzará minisatélite



Objetivo: Ser el 1er satélite académico del Pacifico Sur

UAPSAT, son las siglas del primer satélite de la Universidad Alas Peruanas, un nano satélite que será controlado en banda de radioaficionados (UHF-VHF), y cuyo diseño interno, más programación es realizada exclusivamente por los estudiantes, supervisados por los catedráticos de esta Universidad particular con sede central en Lima y 28 con filiales en todo el país.


Nuestra Misión y Visión: Dar a los alumnos la oportunidad única para capacitarse y de aplicar una sumatoria de conocimientos avanzados en Electrónica y Sistemas indispensables para preparar y controlar un vehículo en el espacio, experiencia que será un legado de ésta casa de estudios para todo el país, siendo a la vez un desafío para inspirar y entusiasmar a los estudiantes que trabajan al lado de sus profesores en ésta empresa.

Como resultante, habrá un número de tesis de nuestro alumnado que tendrán relación, sobre diversos aspectos, que irán desde los puramente técnicos y científicos, hasta los de gestión empresarial y legal que implican éste tipo de misiones que guardan gran complejidad y organización.

El proyecto tiene como meta contribuir al desarrollo de la Ciencia y Tecnología en el Perú, y a la vez impulsar firmemente, gracias a los profesionales que formamos, el ingreso de nuestro país a la Era Espacial.

Acerca del Proyecto


El UAPSAT tiene forma cúbica y mide 10x10x10cm por lado, (excluyendo antenas), pesa alrededor de Kg. Lleva celdas solares fijas en cada lado para alimentar sus baterías cuya energía es necesaria en cada paso por la sombra de la Tierra, minicomputadora de vuelo, transmisores y receptores de radio, un sistema de control de potencia; imanes que estabilizan al satélite para alinearlo con el campo magnético terrestre. Será controlado a través de una Estación Terrena dedicada, que incluirá la Banda-S, para futuros proyectos y que se está instalando en los laboratorios de la UAP.

Su órbita será cuasi circular y de tipo LEO, a una altitud de 700 kilómetros, pasando sobre los polos de la Tierra. Su velocidad le permitirá completar una órbita cada 90 minutos. El UAPSAT, estará dedicado a fines científicos y educativos, un esfuerzo que ha implicado adquirir infraestructura y los laboratorios más modernos mediante un meticuloso proceso de transferencia de tecnología, que nos permitirá, un desarrollo que pocas universidades en el mundo han alcanzado completar. A la fecha tenemos desarrollado un primer prototipo 100% desarrollado por nosotros, hasta llegar al modelo de vuelo final.

Objetivos Generales
El éxito de UAPSAT no se medirá únicamente por la carga útil y el objetivo de colocarlo en el espacio. Nuestros objetivos generales son:
• Demostrar que un grupo de estudiantes voluntarios pueden participar en los diseños electrónicos y de arquitectura de sistemas de un satélite, que más adelante se puede replicar en mayor dimensión.
• Demostrar que el Perú está en condiciones de ingresar a la carrera aeroespacial.
• Proporcionar a sus alumnos la más altas prestaciones en ingenierías así como experiencia en gestión de proyectos.
• Contribuir con una extensión más al servicio mundial de radio digital de aficionados.

¿Qué podrá realizar el UAPSATt?

Una vez en órbita será controlado por nuestra estación terrena y puede ser contactado por radioaficionados, lo que significa que la información que recoja y archivos de datos, pueden ser descargados por cualquier operador radioaficionado en el mundo, sobre la que el satélite pase. Estos mismos archivos podrán ser recuperados por otros operadores, sea en tiempo real, en caso que el emisor y el receptor tengan contacto directo con el satélite, o en algún otro momento, en que el satélite se encuentre en una posición diferente en su órbita alrededor de la Tierra.

Los estudiantes de la UAP serán los principales operadores del satélite mientras que esté en órbita, continuando con el enfoque educativo durante todo el ciclo de vida del satélite.

(*) Es una gran satisfacción publicar este tipo de noticias, en las cuales se evidencia el creciente interés de las instituciones académicas y del propio estado peruano en progresivamente desarrollar una industria aeroespacial en nuestro país. A ya conocido proyecto académico del mini satélite Chasqui-1 de la Universidad Nacional de Ingeniería, ahora se suma el UAPSAT de la Universidad Alas Peruanas, ello adicionalmente al anuncio de la próxima compra por parte del gobierno peruano de un satélite de observación de la tierra de alta resolución, y las primeras conversaciones que se han iniciado para un futuro satélite de comunicaciones…. Estimados amigos, tenemos múltiples motivos para sentirnos orgullosos de nuestro país, estamos avanzando !!!

http://www.uapsat.info

http://microsateliteperuano.blogspot.com/

Victoria de Aparicio Pomares sobre el enemigo chileno


Aparicio Pomares, el Hombre de la Bandera que derrotó al enemigo chileno en la Batalla de Jactay. El Perú profundo en la guerra contra Chile


El 8 de agosto de 1883, el ejército genocida de Chile mordió el polvo de la derrota en la Batalla de Jactay. La soldadesca del país del sur fue expulsada de Huánuco por los comuneros de Chupán, Chavinillo, Obas y Pachas, al mando del ex soldado Aparicio Pomares, el “Hombre de la Bandera”.

Si bien en el Perú tenemos fotografías de traidores y colaboracionistas con Chile, como Mariano Ignacio Prado y Miguel Iglesias, carecemos de un retrato de Aparicio Pomares. En su lugar, presentamos la foto del Obelisco levantado en su homenaje y en recuerdo a los Héroes de la Batalla de Jactay.
EL HOMBRE DE LA BANDERA
Enrique López Albújar (*)
Fue en los días que pesaba sobre Huánuco una enorme vergüenza. No sólo era ya el sentimiento de la derrota, entrevista a la distancia como un desmedido y trágico incendio, ni el pavor que causan los ecos de la catástrofe, percibidos a través de la gran muralla andina, lo que los patriotas huanuqueños devoraban en el silencio conventual de sus casas solariegas; era el dolor de ver impuesta y sustentada por las bayonetas chilenas a una autoridad peruana, en nombre de una paz que rechazaba la conciencia pública. La lógica provinciana, rectilínea, como la de todos los pueblos de alma ingenua, no podía admitir, sin escandalizarse, esta clase de consorcios, en los que el vencido, por fuerte que sea, tiene que sentir a cada instante el contacto depresivo del vencedor. ¿Qué significaban esos pantalones rojos y esas botas amarillas en Huánuco, si la paz estaba ya en marcha y en la capital había un gobierno que nombraba autoridades peruanas en nombre de ella?

El patriotismo no sabía responder a estas preguntas. Sólo sabía que en torno de esa autoridad, caída en Huánuco de repente, se agitaban hombres que días antes habían cometido, al amparo de la fuerza, todos los vandalismos que la barbarie triunfante podía imaginar. Un viento de humillación soplaba sobre las almas. Habríase preferido la invasión franca, como la primera vez; el vivir angustioso bajo el imperio de la ley marcial del chileno; la hostilidad de todas las horas, de todos los instantes; el estado de guerra, en una palabra, con todas sus brutalidades y exacciones. ¡Pero un prefecto peruano amparado por fuerzas chilenas!... Era demasiado para un pueblo, cuyo virilidad y soberbia castellana estuvieron siempre al servicio de las más nobles rebeldías. Era lo suficiente para que a la vergüenza sobreviniera la irritación, la protesta, el levantamiento.

Pero en esos momentos faltaba un corazón que sintiera por todos, un pensamiento que unificase a las almas, una voluntad que arrastrase a la acción. La derrota había sido demasiado dura y elocuente para entibiar el entusiasmo y el celo patrióticos. La razón hacía sus cálculos y de ellos resultaba siempre, como guarismos fatales, la inutilidad del esfuerzo, la esterilidad ante la irremediable. Y al lado del espíritu de rebeldía se alzaba el del desaliento, el del pesimismo, un pesimismo que se intensificaba al verse a ciertos hombres —ésos que en todas partes y en las horas de las grandes desventuras saben extraer de la desgracia un beneficio o una conveniencia—paseando y bebiendo con el vencedor.
II
Pero lo que Huánuco no podía hacer iban a hacerlo los pueblos. Una noche de agosto de 1883, cuando todas las comunidades de Obas, Pachas, Chavinillo y Chupán habían lanzado ya sobre el valle millares de indios, llamados al son de los cuernos y de los bronces, todos los cabecillas —una media centena— de aquella abigarrada multitud, reunidos al amparo de un canchón y a la luz de las fogatas, chacchaban (1) silenciosamente, mientras uno de ellos, alto, bizarro y de mirada vivaz e inteligente, de pie dentro del círculo, les dirigía la palabra.

—Quizás ninguno de ustedes se acuerde ya de mí. Soy Aparicio Pomares, de Chupán, indio como ustedes, pero con el corazón muy peruano. Los he hecho bajar para decirles que un gran peligro amenaza a todos estos pueblos, pues hace quince días que han llegado a Huánuco como doscientos soldados chilenos. ¿Y sabes ustedes quiénes son esos hombres? Les diré. Esos son los que hacen tres años han entrado al Perú a sangre y fuego. Son supaypahuachashgan (2) y es preciso exterminarlos. Esos hombres incendian los pueblos por donde pasan, rematan a los heridos, fusilan a los prisioneros, violan a las mujeres, ensartan en sus bayonetas a los niños, se meten a caballo en las iglesias, roban las custodias y las alhajas de los santos y después viven en las casas de Dios sin respeto alguno, convirtiendo las capillas en pesebreras y los altares en fogones. En varias partes me he batido con ellos... En Pisagua, en San Francisco, en Tacna, en Tarapacá, en Miraflores... Y he visto que como soldados valen menos que nosotros. Lo que pasa es que ellos son siempre más en el combate y tienen mejores armas que las nuestras. En Pisagua, que fue el primer lugar en que me batí con ellos, los vi muy cobardes. Y nosotros éramos apenas un puñado así. Tomaron al fin el puerto y lo quemaron. Pero ustedes no saben dónde queda Pisagua, ni qué cosa es un puerto. Les diré. Pisagua está muy lejos de aquí, a más de trescientas leguas, al otro lado de estas montañas, al sur... Y se llama puerto porque está al pie del mar.

—¿Cómo es el mar, taita (3)? —exclamó uno de los jefes.

—¿Cómo es el mar...? Una inmensa pampa de agua azul y verde, dos mil, tres mil veces más grande que la laguna Tuctugocha, y en la que puede caminarse días enteros sin tocar en ninguna parte, viéndose apenas tierra por un lado y por el otro no. Se viaja en buque, que es como una gran batea llena de pisos, y de cuartos y escaleras, movida por unos hornos de fierro que tragan mucho carbón. Y una vez adentro se siente uno mareado, como si se hubiese tomado mucha chacta (4).

III

El auditorio dejó de chacchar y estalló en una estrepitosa carcajada. ¡Qué cosas las que les contaba este Pomares!... Habría que verlas. Y el orador, después de dejarles comentar a sus anchas lo del mar, lo de la batea y lo del puerto, reanudó su discurso.

—Como les decía, esos hombres, a quienes nuestros hermanos del otro lado llaman chilenos, desembarcaron en Pisagua y lo incendiaron. Y lo mismo vienen haciendo en todas partes. Montan unos caballos muy grandes, dos veces nuestros caballitos, y tienen cañones que matan gente por docenas, y traen escondido en las botas unos cuchillos curvos, con los que les abren el vientre a los heridos y prisioneros.

—¿Y por qué chilenos hacen cosas con piruanos?—interrogó el cabecilla de los Obas—. ¿No son los mismos mistis (5) ?

—No, esos son otros hombres. Son mistis de otras tierras, en las que no mandan los peruanos. Su tierra se llama Chile.

—¿Y por qué pelean con los piruanos? —volvió a interrogar el de Obas.

—Porque les ha entrado codicia por nuestras riquezas, porque saben que el Perú es muy rico y ellos muy pobres. Son unos piojos hambrientos.

El auditorio volvió a estallar en carcajadas. Ahora se explicaban por qué eran tan ladrones aquellos hombres: tenían hambre. Pero el de Obas, a quien la frase nuestras riquezas no le sonaba bien, pidió una explicación.

—¿Por qué has dicho Pomares, nuestras riquezas? ¿Nuestras riquezas son, acaso, las de los mistis? ¿Y qué riquezas tenemos nosotros? Nosotros sólo tenemos carneros, vacas, terrenitos y papas y trigo para comer. ¿Valdrán todas estas cosas tanto para que eses hombres vengan de tan lejos a querérnoslas quitar?

—Les hablaré más claro —replicó Pomares—. Ellos no vienen ahora por nuestros ganados, pero sí vienen por nuestras tierras, por las tierras que están allá en el sur. Primero se agarrarán esas, después se agarrarán las de acá. ¿Qué se creen ustedes? En la guerra el que puede más le quita todo al que puede menos.

—Pero las tierras del sur son de los mistis, son tierras con las que nada tenemos que hacer nosotros —argulló nuevamente el obasino—. ¿Qué tienen que hacer las tierras de Pisagua, como dices tú, con las de Obas, Chupán, Chavinillo, Pachas y las demás?

—Mucho. Ustedes olvidan que en esas tierras está el Cusco, la ciudad sagrada de nuestros abuelos. Y decir que el misti chileno nada tiene que hacer con nosotros es como decir que si mañana, por ejemplo, unos bandoleros atacaran Obas y quemaran unas cuantas casas, los moradores de las otras, a quienes no se les hubiera hecho daño, dijeran que no tenían por qué meterse con los bandoleros ni por qué perseguirlos. ¿Así piensan ustedes desde que yo falto de aquí?

—¡No! —contestaron a un tiempo los cabecillas, Y el obasino, casi convencido, añadió:

—El que daña a uno de nuestra comunidad daña a todos.

—Así es. ¿Y el Perú no es una comunidad? —gritó Pomares—. ¿Qué cosa creen ustedes que es Perú? Perú es muy grande. Las tierras que están al otro lado de la cordillera son Perú; las que caen a este lado, también Perú. Y Perú también es Pachas, Obas, Chupán, Chavinillo, Margos, Chaulán... y Panao, y Llata, y Ambo y Huánuco. ¿Quieren más? ¿Por qué, pues, vamos a permitir que mistis chilenos, que son los peores hombres de la tierra, que son de otra parte, vengan y se lleven mañana lo nuestro? ¿Acaso les tendrán ustedes miedo? Que se levante el que le tenga miedo al chileno.

Nadie se levantó. En medio del silencio profundo que sobrevino a esta pregunta, sólo se veía en los semblantes el reflejo de la emoción que en ese instante embargaba a todos; una emoción extraña, jamás sentida, que parecía poner delante de los ojos de aquellos hombres la imagen de un ideal hasta entonces desconocido, al mismo tiempo que la voz del orgullo elevaba en sus corazones una protesta contra todo asomo de cobardía.

Pero el viejo Cusasquiche, que era el jefe de los de Chavinillo, viejo de cabeza venerable y mirada de esfinge, dejando de acariciar la escopeta que tenía sobre los muslos, dijo, con fogosidad impropia de sus años:

—Tú sabes bien, Aparicio, que entre nosotros no hay cobardes, sino prudentes. El indio es muy prudente y muy sufrido, y cuando se le acaba la paciencia embiste, muerde y despedaza. Tu pregunta no tiene razón. En cambio yo te pregunto ¿por qué vamos a hacer causa común con mistis piruanos? Mistis piruanos nos han tratado siempre mal. No hay año en que esos hombres no vengan por acá y nos saquen contribuciones y nos roben nuestros animales y también nuestros hijos, unas veces para hacerlos soldados y otras para hacerlos pongos (6). ¿Te has olvidado de esto, Pomares?

—No, Cusasquiche. Cómo voy a olvidar si conmigo ha pasado eso. Hace cuatro años que me tomaron en Huánuco y me metieron al ejército y me mandaron a pelear al sur con los chilenos. Y fui a pelear llevando a mi mujer y a mis hijos colgados del corazón. ¿Qué iba ser de ellos sin mí? Todos los días pensaba lo mismo y todos los días intentaba desertarme. Pero se nos vigilaba mucho. Y en el sur, una vez que supe por el sargento de mi batallón por qué peleábamos, y vi que otros compañeros, que no eran indios como yo, pero seguramente de mi misma condición, cantaban, bailaban y reían en el mismo cuartel, y en el combate se batían como leones, gritando ¡Viva el Perú! y retando al enemigo, tuve vergüenza de mi pena y me resolví a pelear como ellos. ¿Acaso ellos no tendrían también mujer y guaguas como yo? Y como oí que todos se llamaban peruanos, yo también me llamé peruano. Unos, peruanos de Lima; otros, peruanos de Trujillo; otros, peruanos de Arequipa; otros, peruanos de Tacna. Yo era peruano de Chupán... de Huánuco. Entonces perdoné a los mistis peruanos que me hubieran metido al ejército, en donde aprendí muchas cosas. Aprendí que Perú es una nación y Chile otra nación; que el Perú es la patria de los mistis y de los indios; que los indios vivimos ignorando muchas cosas porque vivimos pegados a nuestras tierras y despreciando el saber de los mistis siendo así que los mistis saben más que nosotros. Y aprendí que cuando la patria está en peligro, es decir, cuando los hombres de otra nación la atacan, todos sus hijos deben defenderla. Ni más ni menos que lo que hacemos por acá cuando alguna comunidad nos ataca. ¿Que los mistis peruanos nos tratan mal? ¡Verdad! Pero peor nos tratarían los mistis chilenos. Los peruanos son, al fin, hermanos nuestros; los otros son nuestros enemigos. Y entre unos y otros, elijan ustedes.

Y Pomares, exaltado por su discurso y comprendiendo que había logrado reducir y conmover a su auditorio, se apresuró a desenvolver, con mano febril, el atado que tenía a su espalda, y sacó de él, religiosamente, una gran bandera, que, después de anudarla a una asta y enarbolarla, la batió por encima de las cabezas de todos, diciendo:

—Compañeros valientes: esta bandera es Perú; esta bandera ha estado en Miraflores. Véanla bien. Es blanca y roja, y en donde ustedes vean una bandera igual allí estará el Perú. Es la bandera de los mistis que viven allá en las ciudades y también de los que vivimos en estas tierras. No importa que allá los hombres sean mistis y acá sean indios; que ellos sean a veces pumas y nosotros ovejas. Ya llegará el día en que seamos iguales. No hay que mirar esta bandera con odio sino con amor y respeto, como vemos en la procesión a la Virgen Santísima. Así ven los chilenos la suya. ¿Me han entendido? Ahora levántense todos y bésenla, como la beso yo.

Y después de haber besado Pomares la bandera con unción de creyente, todos aquellos hombres sencillos, sugestionados por el fervor patriótico de aquél, se levantaron y, movidos por la misma inspiración, comenzaron a desfilar, descubiertos, mudos, solemnes, delante de la bandera, besándola cada uno, después de hacerle una humilde genuflexión y de rozar con la desnuda cabeza la roja franja del bicolor sagrado. Sin saberlo, aquellos hombres habían hecho su comunión en el altar de la patria.

Pero Pomares, que todavía no estaba satisfecho de la ceremonia, una vez que vio a todos en sus puestos, exclamó:

—¡Viva el Perú!

—¡Viva! —respondieron las cincuenta voces.

—¡Muera Chile!

—¡Muera!

—¡A Huánuco todos!

—¡A Huánuco! ¡A Huánuco!

Había bastado la voz de un hombre para hacer vibrar el alma adormecida del indio y para que surgiera, enhiesto y vibrante, el sentimiento de la patria, no sentido hasta entonces.

Y al día siguiente de la noche solemne, al conjuro del nuevo sentimiento, difundido ya entre todos por sus capitanes, dos mil indios prepararon las hondas, afilaron las hachas y los cuchillos, aguzaron las picas, limpiaron las escopetas y revisaron los garrotes. Nadie se detuvo a reflexionar sobre la superioridad de las armas del invasor. Se sabía que un puñado de hombres extraños, odiosos, rapaces, sanguinarios y violentos, venidos de un país remoto, había invadido por segunda vez su capital, y esto les bastaba. Aquella invasión era un peligro, como muy bien había dicho Pomares, que despertaba en ellos el recuerdo de los abusos pasados. La paz de que se hablaba en Huánuco era una mentira, una celada que el genio diabólico de esos hombres tendía a su credulidad, para sorprenderles y despojarles de sus tierras, incendiarles sus chozas, devorarles sus ganados y violarles a sus mujeres. Las mismas violencias cometidas con ellos secularmente por todos los hombres venidos del otro lado de los Andes, del mar, desde el wiracocha (7) barbudo y codicioso, que les arrasó su imperio, hasta este soldado de calzón rojo y botas amarillas de hoy, que iba dejando a su paso un reguero de cadáveres y ruinas.

Era preciso, pues, destruir ese peligro, levantarse todos contra él, ya que el misti peruano, vencido y anonadado por la derrota, se había resignado, como la bestia de carga, a llevar sobre sus lomos el peso del misti vencedor.

Después de dos días de marcha, recta y arrolladora, por quebradas y cumbres —marcha de utacas (8)—aquel torrente humano, que, más que hombres en son de guerra, parecía el éxodo de una horda, guiado por la bandera de Aparicio Pomares, coronó en la mañana del ocho de agosto las alturas del Jactay, es decir, vino a acampar en las mismas puertas de Huánuco, y, una vez allí, comenzó a retar al orgulloso vencedor.

Aquel reto envolvía una insólita audacia; la audacia de la carne contra el hierro, de la honda contra el plomo, del cuchillo contra la bayoneta, de la confusión contra la disciplina. Pero era un rasgo que vindicaba a la raza y que venía a percutir hondamente en el corazón de un pueblo, dolorido y desconcertado por la derrota.
IV

La aparición de aquellos sitiadores extraños fue una sorpresa, no sólo para los huanuqueños sino para la misma fuerza enemiga. Los primeros, hartos de tentativas infructuosas, de fracasos, de decepciones, en todo pensaban en esos momentos menos en la realidad de una reacción de los pueblos del interior; la segunda, ensoberbecida por la victoria, confiada en la ausencia de todo peligro y en el amparo moral de una autoridad peruana, que acababa de imponer en nombre de la paz, apenas si se detuvo a recoger los vagos rumores de un levantamiento.

Aquella aparición produjo, pues, como era natural, el entusiasmo en unos y el desconcierto en otros. Mientras las autoridades políticas preparaban la resistencia y el jefe chileno se decidía a combatir, el vecindario entero, hombres y mujeres, viejos y niños, desde los balcones, desde las puertas, desde los tejados, desde las torres, desde los árboles, desde las tapias, curiosos unos, alegres, otros, como en un día de fiesta, se aprestaban a presenciar el trágico encuentro.

Serían las diez de la mañana cuando éste se inició. La mitad de la fuerza chilena, con su jefe montado a la cabeza, comenzó a escalar el Jactay con resolución. Los indios, que en las primeras horas de la mañana no habían hecho otra cosa que levantar ligeros parapetos de piedra y agitarse de un lado a otro, batiendo sus banderines blancos y rojos, rastrallando sus hondas y lanzando atronadores gritos, al ver avanzar al enemigo, precipitáronse a su encuentro en oleadas compactas, guiados, como en los días de marcha, por la gran bandera de Aparicio Pomares. Éste, con agilidad y resistencia increíbles, recorría las filas, daba un vítor aquí, ordenaba otra cosa allá, salvaba de un salto formidable un obstáculo, retrocedía rápidamente y volvía a saltar, saludaba con el sombrero las descargas de la fusilería, se detenía un instante y disparaba su escopeta, y en seguida, mientras un compañero se la volvía a cargar, empuñaba la honda y la disparaba también. Y todo esto sin soltar su querida bandera, paseándola triunfal por entre la lluvia del plomo enemigo, asombrando a éste y exaltando a la ciudad, que veía en ese hombre y en esa bandera la resurrección de sus esperanzas.

Y el asalto duró más de dos horas, con alternativas de avances y retrocesos por ambas partes, hasta que habiendo sido derribado el jefe chileno de un tiro de escopeta, disparado desde un matorral, sus soldados, desconcertados, vacilantes, acabaron por retirarse definitivamente.

Esta pequeña victoria, humilde por sus proporciones y casi ignorada, pero grande por sus efectos morales, bastó para que, horas después, al amparo de la noche, los hombres de la paz y los hombres del saqueo evacuaran furtivamente la ciudad. Huánuco, cuna de héroes y de hidalgos, acababa de ser libertada por los humildes shucuyes (9) del Dos de Mayo.

V

Al día siguiente, cuando los indios, triunfantes, desfilaron por las calles, precedidos de trofeos sangrientos y de banderines blancos y rojos, una pregunta, llena de ansiedad y orgullo patriótico, corría de boca en boca: “¿Dónde está el hombre de la bandera?” “¿Por qué no ha bajado el hombre de la bandera?” Todos querían conocerle, abrazarle, aplaudirle, admirarle.

Uno de los cabecillas respondió:

—Pomares no ha podido bajar; se ha quedado herido en Rondos.

Efectivamente, el hombre de la bandera, como ya le llamaban todos, había recibido durante el combate una bala en el muslo derecho. Su gente optó por conducirlo a Rondos y de allí, a Chupán, a petición suya, en donde, días después, fallecía devorado por la gangrena.

Antes de morir tuvo todavía el indio esta última frase de amor para su bandera:

—Ya sabes, Marta; que me envuelvan en mi bandera y que me entierren así.

Y así fue enterrado el indio chupán Aparicio Pomares, el hombre de la bandera, que supo, en una hora de inspiración feliz, sacudir el alma adormecida de la raza.

De eso sólo queda allá, en un ruinoso cementerio, sobre una tumba, una pobre cruz de madera, desvencijada y cubierta de líquenes, que la costumbre o la piedad de algún deudo renueva todos los años en el día de difuntos.Términos quechuas

(1) Chacchar: mascar coca.
(2) Supaypahuachashgan: hijo del diablo.
(3) Taita: papá, papito.
(4) Chacta: aguardiente de caña.
(5) Misti: persona de tez blanca.
(6) Pongo: esclavo.
(7) Wiracocha: conquistador español.
(8) Utaca: hormiga. Especie de hormigaleón.
(9) Shucuy: especie de calzado rústico de piel sin curtir, doblado y cosido en los bordes, muy parecido a la babucha. Al que lo usa se le dice, por antonomasia, shucuy.(*) Enrique López Albújar, 1920. Cuentos Andinos. Lima: Imprenta “La Opinión Nacional”.

Informe final de la Comisión de la Verdad no refleja lo que realmente ocurrió en el país entre 1980-2000

Porque careció de pluralidad, omitió participación de verdaderos actores y arribó a conclusiones finales erróneas
JAVIER BRAVO VILLARÁN Almirante ®
Por considerarlo de interés, entregamos a continuación un resumen del importante estudio titulado “La Comisión de la Verdad y el proyecto Lugar de la Memoria”, realizado por el ex jefe de Estado Mayor General de la Marina de Guerra, almirante (r) Javier Bravo Villarán, analista del fenómeno de la violencia terrorista en el Perú (NdeR):
La falta de pluralidad en su composición, la omisión de la participación de los actores que defendieron a la sociedad y de los que sufrieron las consecuencias de la violencia desatada por los grupos terroristas Sendero Luminoso y MRTA y las erróneas conclusiones sobre el llamado “conflicto armado interno” han convertido al informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR) en un informe incompleto que debe ser subsanado por otro que sea un gran y verdadero relato de lo que sucedió en el Perú entre los años 1980-2000.
Mientras no se corrijan estas fallas de origen y concepción, trasvasadas en su informe final, no será posible que el proyecto del Lugar de la Memoria cumpla con perennizar fidedignamente esta etapa de la historia del Perú, pues se trata de que por encima de cualquier interpretación de lo nos sucedió la trágica experiencia deba servirnos para integrarnos solidariamente, dejando de lado la mezquindad, provenga de donde provenga, reconocernos como país multicultural y pluriracial e ir corrigiendo los errores que arrastramos desde inicios de la República.
Creo que el informe final de la CVR está desnaturalizado por haber tenido una falla de origen, léase no haber tenido una composición plural, pues sus integrantes, salvo contadas excepciones, estaban unidos por un perfil izquierdista, socialista y marxista leninista, entre los que destacaban sin duda el ingeniero químico Alberto Morote Sánchez, el ingeniero rural Carlos Tapia García y el antropólogo Carlos Degregori, graduados en la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, considerada como la cuna de Sendero Luminoso.

Factor Ciurlizza

Un gran número de comisionados y funcionarios de confianza eran procedentes, por formación o actividad laboral, principalmente de la Universidad Nacional San Cristóbal de Huamanga, cuna de Sendero Luminoso, y de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, que fuera intervenida por albergar terroristas y por ser escenario de una gran actividad proselitista a favor del terrorismo, lo cual configura la preponderancia de una línea ideo-política con diferentes vertientes, mayoritariamente marxistas leninistas.
A este sesgo ideopolítico se añade otro referido a que cuando Abimael Guzmán estuvo encarcelado, propuso a Javier Ciurlizza, en las conversaciones que sostuvieron en el 2000, cuando éste era jefe de gabinete del ministro de Justicia y secretario ejecutivo de la CVR, la creación de la Comisión de la Verdad, coincidiendo con la iniciativa del grupo de interés de la sociedad civil que propugnaba esta creación.
Este hecho podría ser anecdótico, pero lamentablemente no lo es, porque está entroncado la concepción errónea que le asignó la iniciativa legislativa, que lo creó el 19 de octubre del 2000.
¿Cuáles son?: 1) analizar las condiciones políticas, sociales y culturales; 2) contribuir al esclarecimiento de los crímenes y violaciones de los derechos humanos por obra de las organizaciones terroristas o de algunos agentes del Estado; 3) elaborar propuestas de reparaciones y recomendar reformas institucionales, legales, educativas, entre otras.
¿Por qué concepción errónea? Como se puede apreciar, en los objetivos no se incluyó en ningún aspecto el análisis de los graves daños causados por los delincuentes terroristas en la frágil y debilitada economía de la sociedad peruana y en su infraestructura pública y privada, lo cual a todas luces era un elemento ineludible a considerar en un trabajo de esta naturaleza, más aún por el periodo en que se dieron los hechos, cuando el Perú atravesaba la más severa crisis económica de su historia republicana.

Omisiones sustantivas

No haber sido abordado el aspecto económico del país de manera conjunta e interrelacionada con los otros factores lleva irremediablemente a que un trabajo como el emprendido no sea completo y tenga serias desviaciones, que es lo que finalmente se ha producido con el informe final, documento que no representa una visión integral de lo sucedido en los 4 lustros analizados. Esta carencia sustantiva hace indispensable completar la labor para poder contar con la visión integral que el país requiere.
En razón de esta omisión, el informe final ha ignorado que el país, por efecto del terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA, llegó al borde de la inviabilidad en el contexto internacional, se degradó sustantivamente debido a la acción demencial de los agresores del estado de derecho.
“Y lo que es más grave, omitió considerar que el terrorismo fue un factor que agravó y retrasó el desarrollo nacional en espacios tan importantes como salud, educación, trabajo, agricultura, industria, infraestructura eléctrica, carreteras, etc. y la actividad privada”, advierte.
A estas fallas de origen y concepción de la CVR se añaden varias conclusiones erróneas que distorsionan no solo los hechos ocurridos, sino también la propia historia de la República y por tal motivo urgen ser reelaboradas con análisis correctos que nos devuelvan un relato concordante con la realidad y la historia.

Conclusión 1

Así, por ejemplo, la conclusión 1 informa que la CVR ha constatado que el conflicto armado interno que vivió el Perú entre 1980 y 2000 constituyó el episodio de violencia más intenso, más extenso y más prolongado que supera el número de pérdidas humanas sufridas por el Perú en todas las guerras externas y guerras civiles ocurridas en sus 182 años de vida independiente y que fue un conflicto que reveló brechas y desencuentros profundos y dolorosos en la sociedad peruana.
Esta afirmación tiene el defecto antihistórico de desplazar a un segundo plano el traumático episodio de la guerra del 79 que declaró Chile al Perú, cuando un mínimo análisis matemático permite reconocer que en 1879 cuando la población nacional era de tres millones de habitantes, esta invasión militar chilena que tuvo una duración de cuatro años nos causó 14.310 muertos, equivalente al 0,477%
Haciendo un parangón de estas cifras con las aportadas por el informe final de la CVR tendremos que en los 20 años (1980-2000) que duró el llamado conflicto interno, en los que el Perú tuvo una población de 22 millones de habitantes, se produjeron 23.969 víctimas fatales comprobadas, equivalentes al 0,109%, las cuales resultan ser muy inferiores al 0,477% que nos causaron los invasores chilenos.
Si se añade a este 0,109% de fallecidos la cifra de 69.280 desaparecidos no comprobados que entrega el informe final, equivalentes al 0,315%, tendríamos un total de 0,424% de víctimas, a la vista también inferior a la desgracia nacional del 0.477 de peruanos eliminados por los invasores chilenos.
Por esta razón, esta conclusión debería ser reelaborada en el sentido de que se ha constatado que el ataque perpetrado por las organizaciones terroristas autodenominadas Sendero Luminoso y Movimiento Revolucionario Túpac Amaru entre 1980 y 2000 contra el Estado y la sociedad peruana fue un conflicto que reveló brechas y desencuentros profundos y dolorosos.

Conclusión 2

Igualmente, la conclusión 2 del informe final adolece de similar distorsión histórica al entregar su balance de la cifra más probable de víctimas fatales de la violencia sustentando que llegó a 69.280 personas.
Esta conclusión está basada en estimaciones y no en verdades comprobadas y ha dado origen a hondas discrepancias, la más importante de ellas han sido hechas por el dictamen de la “Comisión Especial para la lectura y análisis del Informe Final de la CVR” de la Fiscalìa de la Nación, designada por Resolución 1400- 2003- MP- FN del 05 de setiembre del 2003, a la que se añade la opinión bajo reserva del comisionado de la CVR, teniente general FAP (r) Luis Arias Grazziani.
En efecto, el primer dictamen del MP-FN concluye en señalar que la cifra de 69.280 muertos no tiene asidero técnico sustentable por haber utilizado un método inadecuado que “implica sumar” todas las víctimas que han sido reportadas en una o más instituciones con aquellas que nunca fueron reportadas ante institución alguna
Agrega el dictamen que “el método que aplicó la CVR es el método estadístico de la estimación de múltiples sistemas, pero este método tiene un grado de error superior al 191% por cuanto la aplicación del método solo descansa sobre una aplicación teórica del procedimiento”.
Esta conclusión del informe final se cae con la propia especulación de la CVR, por ejemplo, al referirse que muchos de los desaparecidos se encontraban bajo la losa del estadio de Huanta, pero luego de la diligencia de verificación realizada por el propio Ministerio Público, consistente en la ejecución de 11 pozos de cateo, en las que la CVR estimaba encontrar físicamente a desaparecidos, no se halló una sola víctima.
Por su parte, la opinión bajo reserva de Arias Grazziani sostiene que el número de víctimas es entre 24.000 y 25.000, por lo que cualquier otra cantidad es producto de una proyección matemática o estadística, la que si bien es cierto ha sido realizada con soporte científico por parte de técnicos peruanos y extranjeros, no pasa de ser una proyección.
Esta conclusión lo sustenta la CVR con la afirmación de que las decenas de miles de muertes se han dado en un contexto de “conflicto armado interno, permanente y generalizado”, pero la CVR no ha conseguido demostrar la existencia de este conflicto, sino que lo deduce del mismo abultado número de víctimas, lo cual, como el propio informe lo reconoce, es un número estimado, mas no real.
Creo que la redacción de esta conclusión debe limitarse a establecer que la cifra de víctimas fatales de la violencia debidamente comprobada entre 1980 y 2000 es de 23.969 personas.

Conclusión 56

Otra distorsión tanto o más grave que las anteriores se encuentra en la conclusión 56, en la que establece que en ciertos lugares y momentos del conflicto la actuación de miembros de las Fuerzas Armadas no solo involucró algunos excesos individuales de oficiales o personal de tropa, sino también prácticas generalizadas y/o sistemáticas de violaciones de los derechos humanos, que constituyen crímenes de lesa humanidad, así como transgresiones de normas del Derecho Internacional Humanitario.
De esta conclusión se han prendido las llamadas ONG de derechos humanos para calificar como imprescriptibles los supuestos crímenes cometidos por personal de las FF AA y PNP y, por lo tanto, susceptibles de ser sancionados con las penas previstas en el Estatuto de la Corte Penal Internacional aprobado por el Perú el 10 setiembre del 2002.
Pero sucede que la afirmación de la CVR de que se vivió un conflicto armado interno permanente y generalizado no ha sido demostrado sino más bien cuestionado por la Fiscalía de la Nación y al introducir la sujeción a las normas del Derecho Internacional Humanitario, en particular la llamada imprescriptibilidad, pretende que todas las muertes atribuidas a las Fuerzas Armadas y policiales ocurridas en el lapso de 1980-2000 son imprescriptibles.
Muchos jueces han tomado esta conclusión para aplicarla contra los integrantes de las FF AA y PNP, en contra de un principio jurídico universal, la no retroactividad, porque en el presente caso la imprescriptibilidad de los delitos considerados de lesa humanidad, penados por la Corte Penal Internacional, solo rige para los casos ocurridos a partir de la aprobación de la Resolución Legislativa 27998, el 2 de junio del 2003.
Un redacción correcta debería señalar que en ciertos lugares y momentos del conflicto se cometieron algunos excesos individuales de oficiales o personal de tropa, que configuran violaciones de los derechos humanos y que podrían constituir crímenes de lesa humanidad, así como transgresiones de normas del Derecho Internacional Humanitario. Las autoridades competentes deberán dilucidar cada caso aplicando la legislación que corresponda.